Hoy por hoy

La debilidad institucional es una tara del subdesarrollo. La arbitrariedad en la gestión de los asuntos de Estado lleva hacia la incertidumbre empresarial, y causa una caída en las inversiones, el empleo y la prosperidad. Eventos como el proceso de reformas constitucionales, la incapacidad del Órgano Judicial de producir la certeza del castigo en los casos de alto perfil y la renuncia de la procuradora general de la Nación, son sobresaltos que afectan a la institucionalidad. Sin embargo, los gremios empresariales y los analistas económicos hacen un llamado de atención a la clase política, para aprovechar la crisis de institucionalidad y convertirla en un salto cualitativo en materia de democracia y justicia. El presidente de la República ha asumido un liderazgo significativo en lo relativo a las reformas constitucionales, que le ha devuelto la calma al país. Igualmente, de proceder responsablemente con la designación de magistrados de la Corte Suprema de Justicia, y de un nuevo procurador general, se producirá una mejora sustancial de la confianza dentro y fuera del país. Esta es una oportunidad que no podemos darnos el lujo de perder.

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