Sin respeto siquiera a las noches, con lámparas de batería y draga son saqueados los ríos Pacora, Cabobré y Cabra, del corregimiento de Pacora, para aportar materia prima a la industria de la construcción.
Piedra, arena, cascajo y ripio, base fundamental para la fábrica de cemento, fábrica de bloques y constructoras, a corta distancia se encuentra el monopolio que mayor aporta a la construcción por encontrarse en el distrito capital.
El tiempo demuestra que el efecto de vandalismo a estos ríos es totalmente visible; desprovistos están del sagrado bosque de galería, protector de las riberas de los ríos.
Sin esta protección los ríos se anchan perdiendo su caudal, desprotegida queda la fauna propia del río: peces, algas, moluscos.
Tenemos que aceptar que estos ríos se han destruido con el único propósito de beneficiar a la industria de la construcción, teniendo Panamá fuentes de piedra viva de cantera y arena, sin tener que tocar los ríos, que son fuente de vida natural.
El desastre ecológico sufrido en estos ríos demuestra que se antepone la industria de la construcción al líquido de la vida, el agua.
Con potestad jurídica para acabar con el desastre sobresale el respaldo del alcalde y del presidente de la República, que a sabiendas de los daños e ilegalidades que acontecen, no cierran las concesiones deteniendo las catástrofes imperantes en las concesiones (privilegios) que atentan contra nuestra carta magna, destruyendo agricultura, turismo interno y fuentes de agua.
La autora es defensora ambiental