Los gurús panameños en materia de economía que no se atreven o no saben hacer pronósticos y análisis sobre su materia, se van con la ola, mayormente conveniente a grandes intereses y no al país. Los presidentes o rectores de países sean o no potencia, en los tiempos modernos quieren continuar con las prácticas coloniales. Hay exponentes de estos regímenes que no solo ocultan hechos y realidades, sino que insisten en las tomas de países y no en la cooperación mundial.
Trump visitó recientemente a la señora reina y a la señora May en el Reino Unido para fortalecer su alianza, festejando sus actos alrededor del mundo. ¡Hágame el favor! ¿Qué habrá para festejar y fortalecer? ¿En qué mundo viven? ¿En que Dios creerán? La tragedia humana que viven tantas poblaciones del mundo se debe principalmente a la sed insaciable de enriquecimiento. ¿Dónde quedan los derechos humanos que dicen defender esas potencias? ¿Qué decir del reciente informe de la señora Bachelet, que fracasó en la defensa de las grandes mayorías de su país en sus dos períodos de gobierno? La dependencia no es solo de países y gobiernos, lo es de las personas, y es lo más grave.
En Panamá, aunque no se sabe en qué nivel de liquidez dejó el gobierno del señor Varela al país, la noticia de la baja de interés anunciada por la FED – organismo controlador de las finanzas mundiales – puede ser esta vez beneficiosa en la búsqueda de recursos frescos que anuncia la actual administración gubernativa. El despilfarro, el desorden, la falta de transparencia y la corrupción que se viene dando en este país, pueden empezar a acabarse. La esperanza ha revivido en Panamá y se dan muestras del cambio urgentemente necesario.
Dios, el pueblo y el gobierno pueden lograrlo. Con visión global y tareas internas difíciles pero necesarias de abordar. Panamá debe empezar a recomponer su presente y a sentar bases para su futuro. Hay que humanizar el mercado y rescatar la institucionalidad; acabar con los privilegios de una casta de abusadores que exigen más mercado y menos Estado. Los monopolios y oligopolios deben ser regulados, la justicia social debe ser prioridad en la salud y la educación.
El autor es periodista-analista internacional