La realidad es triste cuando se empieza a ver. Aquel avión que albergó los últimos instantes del general Torrijos se llevó su pensamiento en el momento que se estrelló; la muerte del doctor Arias Madrid fue dolorosa para el pueblo que lo despidió en la calle llorando, no porque el hombre se hubiese ido, sino que partió a su par el auténtico panameñismo; la Democracia Cristiana se dirigió por años bajo el liderazgo del doctor Arias Calderón, pero al caer enfermo, el colectivo cedió; el Molirena albergaba su esencia en Guillermo Ford y Chinchorro Carles, pero con la expulsión del primero, la lucha de los años murió. Se dice que la historia se repite en espiral, y así ha sido. Los partidos se movían en un inicio con principios y ahora se rigen con el dinero de la corrupción.
El PDC se llenó de personas que insultaron la memoria del doctor Arias Calderón, cambiaron el nombre a Partido Popular en un intento fallido para borrar su nombre de la historia, al cometer la traición de unirse a su opresor. A la par, el Papa Egoró habló pestes de Pérez Balladares y al final se vendió al PRD, porque al parecer un doctorado de Harvard no te vuelve coherente en tu manera de ser. El Molirena se abrió de brazos al PRD, mientras que la sangre de Ford aún corre por la silueta del gallo, que preferiría estar en un sancocho antes de ver esa aberración. Sin embargo, el CD es distinto al resto porque este no se corrompió, porque ya venía podrido desde que se inscribió a punta de la chequera del dueño del show. Todos los partidos son iguales, están dirigidos por seres grotescos que usurpan la memoria histórica de los caudillos, y dejan a un lado a los hombres y mujeres que dieron su vida, por construir un mejor país. La crisis que confronta el país no puede ser ignorada por ninguno de nosotros, ya que, si no tomamos cartas en el asunto, no habrá un Panamá por el cual luchar.
El autor es escritor