Hace poco un inapropiado discurso político generó una avalancha de críticas que iban desde comentarios, frases y “memes” algo creativos. “Marginal” fue la palabra clave de ese discurso. Lo marginal alude a lo que está más allá de los bordes, de los márgenes. Lo que está en esa parte es el infierno.
El narrador oral argentino José Luis Gallego nos dice en una conferencia que lo que está del otro lado es lo marginal y lo que es marginal nos es desconocido; lo desconocido nos hace ignorantes y la ignorancia alimenta el miedo. Solo hay una forma de vencer el miedo: confrontándolo desde los márgenes, nos dice el cuentacuentos.
Hay un cuento de Orson Scott Car titulado Mujer media y en uno de sus párrafos se puede leer otra idea que dice: el mal ocurre en el medio, y el bien va hacia los bordes. Esto me hace pensar en otra tesis de lo marginal. Una más positiva: dentro de la marginalidad, donde está la persona olvidada, desprotegida, desapegada, aislada, existe también la posibilidad de formular nuevos proyectos e ideas, porque también vive allí la persona con sueños y esperanzas.
En la actualidad el centro no es el mejor referente para dialogar y comulgar. Un nuevo discurso basado en la participación, la convivencia, la solidaridad, la empatía debe nacer desde los márgenes y dirigirse hacia el centro. Se puede pensar en modelos de convivencia desde lo marginal. Se puede reparar el tejido social herido desde los bordes. La solución no vendrá desde el medio.
Imaginar un mejor país desde lo marginal no es imposible. Docentes, estudiantes, bibliotecarios, gestores y toda la familia pueden lograrlo. Es menester que todos los sujetos que trabajan desde los márgenes construyan ciudadanía a través de la cultura y la educación. Se puede lograr con un poco de coraje, voluntad, creatividad, imaginación y cuidando lo que realmente vale la pena cuidar; esto es la relación social con el otro, la naturaleza y la experiencia cultural de vida.
El autor es escritor