VIAJES DE MAGISTRADOS

Impedimento de salida

José Ayú Prado viaja otra vez a España; esta vez para hablar de ética judicial”, dice la noticia del diario La Prensa del 2 de octubre del presente.

Nuestro representante del tema ha gastado, dice la nota, casi 28 mil dólares en viajes en lo que va del año, según él porque, “los viajes […] fomentan la cooperación internacional y la capacitación del personal”. Creo que nuestro presidente de la Corte Suprema de Justicia debe revisar nuevamente, o por primera vez si no lo ha hecho antes, la Misión del Órgano Judicial, que habla de decidir conflictos, no menciona la cooperación internacional ni la capacitación de funcionarios.

Es claro que la cooperación internacional y las actualizaciones del recurso humano de una institución son importantes pero, considerando que el primer y último fin de éste órgano del Estado es administrar justicia, y que en nuestro país la mora judicial resulta escandalosa, resulta un agravio que quien está al frente de la máxima entidad de justicia en nuestro país destine fondos públicos para pasajes y viáticos que le permitan exponer sobre “ética judicial”.

Se han ordenado un sinnúmero de medidas cautelares en los últimos años que impiden la salida del país del investigado y/o imputado. Muchos de esos seguirán trabajando. Otros tienen detenciones preventivas en casa o en cárceles, esperando por juicios o sentencias que van a ritmo de bolero. No es ni la punta del iceberg de una mora que no parece asustar al magistrado presiente de la CSJ. Tal vez el señor Ayú Prado también requiere impedimento de salida del país, e incluso de su oficina, hasta que la mora baje por lo menos en un 50% y la población carcelaria sea mucho mayor de condenados que de detenidos.

Es cierto que una institución no debe depender de quien la dirige para funcionar de manera eficiente o para cumplir con su deber. Pero no es menos cierto, que quien está al mando da el ejemplo, y este ejemplo debe ser de demostración de un compromiso absoluto con el cumplimiento oportuno de deberes de manera íntegra y sobre todo ética, mucho antes del disfrute de derechos superiores como la capacitación personal o representación en foros internacionales a título del cargo, y no de posturas a nivel de país.

Si queremos hablar de ética judicial, hablemos señor magistrado presidente. Pero primero, pongamos la casa en orden. No hay moral para que usted represente al Órgano Judicial hablando de este tema, mientras aquí tenemos tanto pendiente en materia legal y de derechos humanos. Para administrar justicia hay que ser justos, y simplemente no se pueden decidir conflictos y emitir fallos oportunos teniendo tremenda agenda internacional como prioridad.

La autora es miembro de Movin


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