SUFRAGIO

Inconsciente cociente

El actual método de escrutinio y elección de diputados para los circuitos plurinominales tiene su origen en las reformas constitucionales de 1983 y fue estrenado en las elecciones de 1984. Este tiene su fundamento en el respeto a la proporcionalidad, el pluralismo y el acceso de las minorías a puestos de elección. En términos de excelencia participativa, es uno de los más justos y equitativos.

Consistió originalmente en tomar la suma total de votos válidos de la elección del circuito, para luego dividirlo entre la cantidad de puestos a elegir. Este resultado es el que se llama cociente. Todos aquellos partidos y/o candidatos que obtengan este cociente, obtienen una curul. Incluso si alcanzan el doble del cociente, accederían a dos curules.

Si después de esta primera etapa quedasen curules por adjudicar, se atenderá entonces a un medio cociente, es decir, la mitad del cociente. Todos aquellos partidos y/o candidatos que hayan obtenido en votos el valor del medio cociente y que no hayan obtenido curul por cociente, se les adjudica una curul.

Si después de adjudicadas curules por medio cociente, hubiesen quedado puestos por llenar, entonces se entraba a ver a los candidatos y/o partidos más votados y que no hubiesen obtenido curules por cociente ni medio cociente (el residuo). Como pueden darse cuenta, este método permitía a los independientes y partidos pequeños lograr un escaño en el Legislativo.

Pero, ¿qué pasó para esta elección? Resulta que en las últimas reformas a la ley electoral, los partidos grandes se confabularon para favorecerse, de suerte que ahora los partidos y/o candidatos que obtuvieran curules por cociente, pudieran participar del residuo. Allí estuvo el gol y nadie dijo nada.

Es así como el Partido Revolucionario Democrático (PRD) logra hacerse de tantos escaños, a pesar de haber alcanzado la presidencia con un escuálido 33%. Tómese en cuenta también su vasta experiencia y capacidad organizativa electoral, comparada con lo noveles de muchos de sus adversarios. Matraquear mesas es un arte. Es saber, por ejemplo, que cuando se va perdiendo en una mesa, pueden darse “irregularidades e inconsistencias”, y que cuando se va ganando, la mesa debe cuidarse como bebé recién nacido.

Por lo tanto, se trata de saber las reglas del juego y cómo aplicarlas. En este sentido, juega un papel fundamental que los ciudadanos seamos más beligerantes al momento en que se discuten las reformas electorales.

Las recientes elecciones han dejado un muy mal sabor de boca con el llamado residuo, que permitió que momias y desahuciados políticos resucitaran y subsistieran.

Del mismo modo, existen muchos absurdos como, por ejemplo, que al diputado electo por libre postulación los electores pueden revocarle el mandato, mientras que al diputado electo por un partido político no se le puede revocar. Y qué decir del llamado voto “selectivo”, que no es realmente selectivo.

En esto último usted puede “elegir” en una sola lista o partido, cuando lo correcto es permitir que el elector pueda votar en forma indistinta, en cualquier lista, por cuantos puestos estén en disputa. El día que esto se corrija se acaba por arte de magia la reelección. No habría que prohibirla.

No nos debemos dejar llevar por las euforias. Si no fuera por el actual sistema (salvo lo del residuo), dos de los cinco diputados independientes electos no habrían obtenido la curul. El mayor ganador, de eliminarse el sistema de cociente, medio cociente y residuo, son los grandes partidos tradicionales.

Dejemos de ser inconscientes con el cociente.

El autor es abogado

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