Para algunos que hemos estudiado, trabajado y supervisado estos temas, nos suena raro oír a muchos hoy que se refieran a una palabra rebuscada del castellano, como índice de crímenes y delincuencia, esa es inseguridad.
Una palabra que no creo ha recibido el escrutinio debido para ser usada de tal manera como para referirse a la seguridad ciudadana o de ambulación por las calles o de convivencia, etc. No se habla de seguridad social, ni industrial, más bien de sentirse seguro o no al salir o estar fuera de casa. Es irrevocable el hecho que para evitarlo todos tendremos que contratar un escolta, pero eso es imposible, ¿verdad?
Pero los medios a los que se refiere el presidente hoy son aquellos que utilizan su poder para transmitir una falacia, mentira o percepción de lo que pasa a modo de opinión, sin aclararlo, sin filtrarlo ni menos escrutarlo para que llegue de forma clara y limpia. Simplemente se dedican, por orden, a difamar, como si su entonación y crítica fuera la verdad de todo.
Otros, ya conocidos por su línea, dueño o persona interesada, dan la noticia con cambios grandes en su sentido, interpretaciones dudosas y a modo de chisme venden periódicos. Ya todos saben a cuáles me refiero. Dan impresiones equivocadas y sesgadas de una verdad que no han siquiera verificado. Insinuaciones con mala intención de dañar la gestión, no de informar la verdad. Por eso deben ser llamados medios amarillos o parecen noticias, donde se emiten noticias falsas con intención de que estas sean interpretadas o tomadas como ciertas por la mayoría que toma todo como cierto.
Chismes que se riegan como pólvora sin poderse recoger una vez salen a la palestra.
Qué pena que parece ser a todas luces que si al presidente le va mal ellos se alegran, porque su gestión se opaca; si hay inundaciones en comunidades que viven junto al río; si la electricidad se va por fallas en el sistema o por factor humano; si matan a un individuo que anda en malos caminos en la calle o en su casa; si a un loco se le ocurre cerrar la calle por cualquier razón. ¿Nos hemos preguntado si tal vez alguien puede estar pagando para que la imagen del presidente y el país se desprestigien?
Así como algunos panameños que fueron a Miami a dejar nuestra imagen tan mal para influenciar a un juez portorriqueño. Eso debiera ser motivo de enjuiciamiento para estos malos panameños. ¿Por qué no es así?
Es casi seguro que todo lo malo en la seguridad ciudadana, como robos, asesinatos, estafas, entre otras violaciones de la ley que antes de 2000 no se veían en nuestro país, se debe, y soy realista, a la gran afluencia de colombianos, venezolanos y centroamericanos que están acostumbrados a vivir de esa forma.
Todos fueron premiados por gobiernos anteriores con todas las facilidades para delinquir, pues de allí surgieron los crímenes que ahora son cosa común en nuestros barrios. Ahora el statu quo les ha permitido seguir pues nadie se atreve a mandarlos de vuelta a su tierra, aun cuando cometen crímenes, por eso de los derechos humanos y los tratados de convivencia entre países hermanos. Si fuera por mí se iban con orden de no regresar por ningún motivo a esta tierra que antes respiraba paz y sosiego.
