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INSTITUCIONALIDAD

Instructivo para despedir al director de la CSS

Septiembre 2014. Desde la elección, el presidencialismo ha ido desbrozando la salida de cada director de la Caja de Seguro Social (CSS), a quien el ego ciega y ensordece, por lo que tampoco acierta en cómo reaccionar.

El primer aviso lo da Varela cuando, de la chistera presidencial, salía un “conejo” Girón, del cual sobresaldrían demasiado las orejas del ungido, en quien expiar las ineficiencias de la institución.

Agosto 31, 2019. Cortizo contrata una empresa especialista para romper con el modelo del “conejo ungido”. Los puntajes del doctor Enrique Lau C., alcanzan el 100%, debieron influir suficiente al presidente como para hacerlo cambiar de opinión en la recta final.

Aún no ha llegado al puesto. Sin que sea consciente, la personalidad cotidiana del “Chino” Lau enfrenta amenazas. Pudiera quedar sumergida por los fenómenos egoicos que hace brotar el propio poder que se aglutina alrededor de “el señor director”. Un complejo de sabelotodo amenaza con establecer el convencimiento equivocado de ser inmune a los maestros del halago.

Todo nuevo director expresa un vacío de conocimientos y de preparación mental para surfear una mega organización que algunos tazan en 35 mil funcionarios, 50 gremios, y ahora un sindicato.

Ningún director estaba preparado para que, producto de una democracia adolescente, el presidencialismo nombrara y despidiera a Alfredo Martiz. Además, le impone al sub Valarini, en contravía de una sensata ley 51, que entrega esa atribución al director.

El actual designado arribaría al Seguro en medio de una epidemia de contagioso desaliento por la injusticia laboral, y con su gobernabilidad en la picota. Urge un estadista para entregar a otra administración, no de su partido, la cuota de poder necesaria como para asumir el reto de rescatar el orgullo de pertenecer a la CSS.

A Lau, ya le endilgan una fuerte campaña negativa cuyo sospechoso efecto coyuntural contrae su poder de designar, por ejemplo, un financista que balancearía el equipo líder. ¿Primará, la sensatez del líder máximo en proteger el poder del designado, versus un presidencialismo que expía en otros?

El profesor Estivenson Girón, con su autocrítico “CSS, humanizándonos”, intentó hacer valer la autonomía. El rebote político resultó inhumano. La infaltable campaña mediática, ahora por el alquiler de ambulancias, nos adelanta la inminente salida del financista, luego de 25 meses.

Diciembre 2016. Entró el subdirector, Dr. Rubén Darío López, PRD. Maniobra sin éxito para continuar, mientras le restriegan un viajecito a Cuba.

A los 18 meses de arribar, en junio 2018, Martiz explotó un enorme desfalco en el Seguro estimado en 300 millones que incluía grandes empresas. Esperó, aflojaría aquella mano que mantenía al espigado conejo tomado de partes nobles.

La demostración de verticalidad hizo que un poder estigmatizara al independiente denunciante como “instigador de pánicos”. Nadie protestó cuando un mensajero le toma las orejas y lo devuelve a la práctica privada.

Al alzar el premio mayor, el subdirector Doctor Julio García Valarini deja entrever que cuenta con la mano que aprieta y unge cuando consigue del Fondo Presidencial, 12 millones para enfrentar el desabastecimiento.

En medio de la aspiración a continuar, a Valarini le sale al paso una tormenta perfecta, entre la que emerge cual fantasma, un sindicato que pone a temblar la aspiración.

Un ambiente malicioso que se puede cortar insinúa que detrás de la abusión, otra mano aplica a Valarini, idéntica medicina que a Girón, López y Martiz.

Un modelo administrativo concentrado en lo financiero y enfermedad relega la humanización, autonomía, la gerencia humana, ética, prevención, impacto del envejecimiento poblacional y la migración. Podremos regatear la autoridad de cuanto director entusiasta, y luego, mandarlo lejos. Mañana la crisis regresará intacta a una institución y líderes sin posibilidad para enfrentar el difícil cambio.

Alfredo Martiz y Valarini niegan el poder suficiente para enfrentar el gigantismo institucional inmovilizador. Sin embargo, nunca enloquecieron frente a la crítica imparable de medios, pacientes y funcionarios.

Girón, López, Martiz y Valarini, como todos, resultaron convencidos por maestros aduladores que luego podrían aspirar a candidaturas y otras exquisiteces. Salieron apaleados y demandados. Solo una pelonera de despedida cerrará con broche de oro, hará retornar a su nivel verdadero la autoimagen. Ojalá el ojo en el triángulo entregue sapiencia a Lau Cortez para saber que poco sabe. La necesitará.

El autor es investigador y formador 


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