Por fin tenemos Ministerio de Cultura. Y aunque técnicamente ya no es una utopía, recordemos que ahora toca, si cabe, hacer lo más difícil: convertirlo en realidad, trabajar para que este tan deseado proyecto se convierta en una entidad eficiente, lo cual requiere seguir trabajando más allá de la recién sancionada ley que lo crea.
Intentemos entre todos la utopía, recuperemos el espíritu del Primer Encuentro Nacional de Escritores Jóvenes de 1991, cuya memoria publicó el Instituto Nacional de Cultura (bajo el título de este artículo) y que conviene repasar para tener frescas las ideas por concretar en materia de cultura. Ponencias, conferencias y artículos que representan todavía el espíritu y la visión de aquellos jóvenes escritores que ahora son parte de la mejor literatura que se hace en nuestro país.
Temas como “El problema editorial en Panamá”, “La crítica literaria en Panamá”, “La mujer panameña como creadora literaria y sus temas”, y otros asuntos relacionados con la producción literaria en nuestro país fueron abordados con solvencia, además de acercamientos críticos a la narrativa y a la poesía de su momento. Y muchos de aquellos ponentes propusieron el gran proyecto: un Ministerio de Cultura.
Todos sabemos que no es solo infraestructura y dinero lo que produce un buen Ministerio de Cultura. Hace falta visión, conocimiento, gestión, y una dosis muy alta, no me cansaré de repetirlo, de escucha atenta y creativa por parte de los que lo dirijan ahora y mañana. La utopía se encierra en estos cuatro elementos, en hacerlos coincidir con solvencia eficiente en espacio y tiempo.
Terminada la Feria del Libro (el presidente de la República acudió, buena noticia), toca ver crecer el nuevo Ministerio de Cultura, dar sus primeros pasos, darle la oportunidad de que se concrete y colaborar con todo lo que esté en nuestras manos para que sea una realidad. Ahora es cuando toca hacer patria y bandera, es cuando toca pasar de la utopía a la realidad, del sueño al trabajo bien hecho.
El autor es escritor