En un artículo de prensa reciente el Dr. Jorge Motta, secretario nacional de la Senacyt, solicitó al sector privado incrementar su inversión en ciencia, que hoy – siendo modesta - depende en un 95% del Estado. En contraste, el aporte del sector privado en países desarrollados generalmente supera el 80% de sus cuantiosos presupuestos.
La inversión privada en ciencia es inversión en investigación, desarrollo e innovación (I+D+i) para la creación de nuevos productos o servicios con alto potencial de exportación. A eso cabe agregar otros resultados, como la producción de patentes, publicaciones científicas y secretos industriales que dan ventajas competitivas enormes a las empresas que toman el riesgo de invertir en I+D+i. Y aunque ese riesgo es alto, también es calculable, y a menudo genera importantes beneficios en conocimiento acumulado, nuevas habilidades técnicas desarrolladas y altas barreras de entrada para potenciales competidores.
Por lo general, esta inversión se destina a contratar profesionales de nivel doctoral o de maestría para realizar investigaciones con fondos exclusivos de la empresa. Algunas empresas financian programas en universidades o institutos que cuenten con recursos para realizar investigación, y otras cofinancian programas internos de I+D+i con becas de investigación estatales.
La desaceleración inevitable del sector de la construcción nos obliga a vislumbrar el siguiente paso de la economía nacional. Tenemos una oportunidad grande para elegir y priorizar áreas productivas, y fortalecerlas con una sólida inversión en I+D+i.
El sector privado debe acercarse a universidades, institutos de investigación y Senacyt para estudiar cómo utilizar los recursos disponibles de I+D+i. Esto nos permitirá entrar al siglo XXI con una economía basada en conocimiento que genere riquezas de un nuevo tipo para el beneficio de Panamá.
El autor es ingeniero y miembro del Movimiento Ciencia en Panamá.