En su más reciente informe ante la Asamblea Nacional, el presidente de la República aludió a la preparación para “el evento global más importante de nuestra historia, la celebración de la JMJ” en 2019. Invitó“a todos los panameños a que trabajemos en unidad para que este acontecimiento sea el éxito de toda una nación” (Presidencia de la República, 2 de enero).
Sería muy oportuno que la preparación a que nos ha convocado el mandatario incluya un esfuerzo organizado, concertado y adecuadamente ejecutado para resolver las graves insuficiencias en el tratamiento de los desperdicios en todo el país. De lo contrario, en vez de terreno fértil para la renovación espiritual, el papa Francisco y los miles de peregrinos que vendrán con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) encontrarán en nuestro istmo un enorme basurero y se llevarán de nuestro terruño un triste recuerdo.
Hay, por supuesto, justificaciones mucho más importantes para resolver el problema de la basura que causar buena impresión a los extranjeros que nos visitan. En primer lugar: promover y proteger la salud de la población, pero esa prioridad no parece interesar a quienes rigen el sector sanitario.
Según el Decreto de Gabinete #1 de 1969, que crea el Ministerio de Salud, corresponde a este despacho “la ejecución de las acciones de promoción, protección, reparación y rehabilitación de la salud” (Art. 1). El artículo 25 del Decreto #75 del mismo año, que establece el estatuto orgánico del ministerio, instituye la División de Epidemiología a fin de “reducir los riesgos de enfermedad y muerte” por “enfermedades transmisibles agudas y crónicas, enfermedades parasitarias, enfermedades crónicas no transmisibles (…) accidentes y muertes violentas, enfermedades de los animales que afectan al hombre” y “otros problemas de salud que afectan a la comunidad según las características locales”, como el pésimo manejo de la basura en todo el territorio nacional.
No hay distrito de la república en que el tratamiento de los desperdicios no constituya un grave inconveniente, con impactos potenciales o reales en la salud de la población. Seguramente, el Ministerio de Salud, el Ministerio de Ambiente y la Autoridad de Aseo Urbano y Domiciliario (AAUD) han generado informes, estudios, declaraciones, discursos, consultorías, planes, proyectos, programas y múltiples documentos que tratan la temática, lo que probablemente nos ha costado miles —si no, millones— de balboas, pero las acciones concretas para atender integral y eficazmente el manejo de los desechos en Panamá escasean, causando serios perjuicios sanitarios y ecológicos, y reduciendo la estética ambiental, lo cual también tiene un impacto sobre la salud psicológica y emocional de la población.
Vivir rodeado de basura y asediado por las alimañas transmisoras de enfermedades que se crían entre las inmundicias no es edificante o conducente a un buen desarrollo de las capacidades individuales ni a la realización personal. Pero esa es la realidad del pueblo panameño, según resulta evidente para quien conduzca por las carreteras del país, en cuyas orillas abunda la basura; para cualquiera que se aproxime a nuestros ríos, la mayoría de ellos convertidos en cloacas (según La Prensa, 26 de diciembre de 2015, la contaminación afecta al 60% de nuestras cuencas hidrográficas); y para todo aquel que tenga la desdicha de encontrarse en las cercanías de alguno de los vertederos del país, como el de Chepo, al cual dediqué mi columna del 27 de diciembre de 2017.
A raíz de esa publicación, en la cual conminé a las entidades locales y estatales con injerencia en el asunto a actuar para resolver ese desastre ambiental, he sido citado a comparecer ante la Comisión de Población, Ambiente y Desarrollo de la Asamblea Nacional, presidida por el diputado Melitón Arrocha, hoy, a la 1:00 p.m., con el fin de “ampliar el tema expuesto” en la mencionada columna. Espero que todo el que tenga interés en el mejoramiento de nuestras condiciones sanitarias y ambientales pueda concurrir e intervenir, y que de esa reunión emanen acciones de fiscalización que impulsen a los municipios, los ministerios de Salud y Ambiente y la AAUD a dar solución sostenible al problema de la basura, si no por otro motivo, para que Panamá proyecte al mundo una imagen de acrisolada limpieza y pulcritud durante la JMJ 2019.
El autor es catedrático de ciencias políticas y director de la maestría de relaciones internacionales en FSU de Panamá.