CONTROL SOCIAL

JMJ y seguridad ciudadana

La Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) recientemente celebrada planteó una serie de desafíos en el orden de lo social, económico, político, ambiental e institucional. Más allá de las cifras sobre la asistencia, las expresiones de acogida de los peregrinos e indudablemente las de fe demostrada por los ciudadanos. Desde la Sociología como ciencia es debatible la idealización de algunos aspectos entre estos las condiciones de seguridad ciudadana demostrada, para algunos reducida a números, dejando de lado aspectos como los tipos de hechos y la ocurrencia de estos o no.

En el contexto, recientemente hay que considerar algunos elementos de control social informales y formales. Ambos son considerados como reglas universales que están destinadas a seguir por los miembros de toda sociedad; “cualquier desviación de estas normas puede dar como resultado un nivel mínimo de castigo para garantizar el orden social”. En concreto, cualquier comportamiento individual o grupal son regulados por ambas expresiones, con ello se apela a la conformidad y obediencia individual o colectiva.

Con la finalidad de precisar el control formal “es implementado por agentes autorizados que incluyen oficiales de policía, empleadores, oficiales militares y otros… se lleva a cabo como una última opción en algunos lugares cuando el comportamiento deseado no es posible a través del control social informal. Las situaciones y la severidad donde se practica el control formal varían según los países”; esto se practica a través de la ley como estatutos, reglas y regulaciones contra el comportamiento social desviado.

Mientras que el informal “lo ejerce una sociedad sin establecer ninguna regla o ley. Se expresa a través de normas y costumbres. El control social es realizado por agentes informales solos en una capacidad extraoficial. Las sociedades tradicionales en su mayoría integran la cultura informal de control social para establecer el orden social”. Adicional, un elemento a considerar nos lleva a ejemplos concretos como: la vergüenza, el sarcasmo, la crítica, el ridículo y la desaprobación son algunas de las sanciones informales. La discriminación social y la exclusión se incluyen en el control informal de casos extremos desviados.

La autoidentidad y la autoestima se ven afectadas por el control informal a través de la pérdida de la aprobación del grupo o la membresía. La gravedad y naturaleza de los mecanismos informales de control difieren entre individuos, grupos y sociedades.

Podemos considerar que ambas expresiones de control social se dieron, estableciendo un contexto normado de la conducta colectiva frente a una realidad temporal y excepcional.

Adicional, la construcción de un consenso nacional frente a la actividad, marcan líneas precisas frente a la conducta ciudadana. Ello sustenta aspectos como la solidaridad, apoyo ciudadano, conducta, expresiones de fe (debate de su formalidad e informalidad), inclusive la persuasión frente a la conducta o el accionar criminal. Fue claro que quienes escapan de las normas de conducta preestablecida se sometían a los mecanismos antes expuestos.

Ahora rescatamos (la organización y la “superestructura” generada a partir de la cohesión de las instancias de control social formal , Servicio de Protección Institucional (SPI), Servicio Nacional Aeronaval de Panamá (Senan), Servicio Nacional de Fronteras (Senafront), Policía Nacional, Servicio Nacional de Migración, Autoridad Nacional de Aduanas y otras , que se sumaron a un esfuerzo colectivo). Aunado, la postura del Ministerio Público que en su afán de impartir justicia rescató algunos preceptos del Código Penal considerados como agravantes en algunos delitos. Es decir, hubo una demostración de “músculos y colmillos”, de la formalidad en material de control social. Sin duda, ello persuade, intimida y condiciona el comportamiento ciudadano. Ya decía el latinoamericano Eduardo Galeano “la justicia es como las serpientes, solo muerde a los descalzos”.

Este elemento descansó en un modelo geográfico centralizado con objetivo claro: el resguardo de los peregrinos, las zonas de concentración de población ya sea flotante o residente en el país, y espacialmente aquellas áreas destinadas a las actividades. Como era de esperarse el resguardo considerando el modelo y aclarando su escasa efectividad, se dejó de lado las zonas, localidades, corregimientos en las periferias y es allí donde el reporte de los medios impresos y televisivos destacan hechos de violencia, inclusive algunos peregrinos víctimas de las expresiones violentas. Quizás, a estos hechos se le resta significancia porque no sucedieron en las zonas de las actividades o la recurrente excusa es producto del “crimen organizado”.

Todo lo expuesto, conduce a determinar que la JMJ en lo que respecta a seguridad ciudadana fue un contexto de excepcionalidad con sustento en el conjunto de controles sociales. Los factores que están generando las condiciones violentas están presente en una sociedad en constante conflicto, contradicciones, desigualdad e inequidad; la lista y el concurso de factores es larga y angustiosa.

Es conocido que las instituciones de carácter policial y represivo de la conducta criminal no cambian ni cambiará las condiciones y los factores que están generando las expresiones de inseguridad. Por ello y para ello, es sustantivo el debate hacia una ruptura con los determinismos de la conducta colectiva, en particular el accionar de las instituciones policiales en un contexto específico . La seguridad ciudadana durante la JMJ se inscribe con mayor peso en la presencia del mayor representante de la institución religiosa, la concentración de población peregrina y el contexto de consenso que dio paso a expresiones de solidaridad de la población panameña. A partir, ello es innegable la efectividad de las acciones de control social, pero el concurso de los elementos extra institucional, deben ser considerados para romper con un discurso sustentado en la concentración de acciones de una mirada limitada y poco explicativas del proceso vivido por la sociedad panameña.

El autor es sociólogo 

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