Los panameños hemos demostrado ser capaces de realizar grandes obras cuando nos unimos en torno a un objetivo. Esta afirmación no es menor. Está comprobada históricamente a lo largo de nuestra vida republicana. La lucha por la recuperación del Canal, su administración eficiente y reciente ampliación, son pruebas de la magnitud del impacto de un Panamá unido. La jornada que se inició formalmente el 23 de enero y que tomara años de preparación, es un ejemplo elocuente.
Hay capacidad. Ganas y compromiso es lo que hacen falta. Justo lo que nuestro país nos pide a gritos. Es un hecho que cuando deponemos nuestras diferencias para unirnos en torno a un ideal, hacemos del imposible, un improbable que se convierte en una realidad. ¡Panameños! Sí es posible, si dejamos de lado lo que nos separa y construimos sobre lo que nos une.
La lección de amor y de esperanza del papa Francisco dirigida a la juventud es elocuente: “No son el futuro, ustedes, jóvenes, son el ahora de Dios”.
Obviamos la responsabilidad que tenemos, ante una sociedad cambiante a velocidades que nos hacen reconsiderar el axioma de que nada puede ir más rápido que la luz. Creo en la voluntad y el arrojo de la juventud como esa fuerza y masa que es capaz de desarrollar una aceleración para llevarnos al encuentro de nuestros sueños.
“Todo gran poder, conlleva una gran responsabilidad”. Nuestro deber es asumir el reto con humildad y ser el fiel de la balanza. No permitamos que se imponga nuestro ego, y que nuestros actos y palabras se conviertan en otra vergonzosa muestra de la soberbia humana.
No podemos esperar. El mundo pide a gritos una renovación. Requiere una revolución que se inicie en cada uno, que empieza dejando la zona de confort y convirtiéndonos en los adalides del cambio.
Joven que me lees, el éxito en la vida no se computa por el número de likes o retuits en las redes sociales, cómoda burbuja que nos aísla de los problemas que asedian nuestro entorno. Rompe con la manipulación de ser uno más de la manada. Sé el líder de la manada: lee el contenido que consideres pertinente y únete a las causas que merecen tu respaldo. No apoyes frivolidades pasajeras y vacías.
Rompe la burbuja. No podemos vivir abstraídos de la realidad. Se requiere del esfuerzo, trabajo y dedicación de cada uno. Todos somos importantes.
Parafraseando al santo padre: Sin educación, en mi opinión, no es fácil, sino imposible, soñar futuro. Trascendamos el yo y construyamos el nosotros de educación, trabajo honesto, paz y justicia.
No te confundas, lector. Cuando hago un llamado a los jóvenes, también me refiero a ti. La edad es una medición cronológica, haz que brille esa juventud que llevas dentro. Llénate de energía y fuerza para cambiar aquello que te desanima e indigna.
Hoy, jóvenes cronológicos y de espíritu, es el momento de hacer los cambios sociales y estructurales que clamamos. No es responsabilidad de otros. Es de todos. El futuro susurra en la puerta de la esperanza. ¡El momento es ahora!
El autor es miembro de Jóvenes Unidos por la Educación y presidente de Fundación Ayudinga.