En los veranos de la ciudad de México, los niños de la calle aprovechan la resequedad de los parques para hacer de las alcantarillas sus casas; cubren el suelo de trapos viejos que les sirven de cobija. Allí, en la penumbra de su gueto, se drogan y duermen un rato.
Es la misma pobreza de la ciudad de Lima, Perú, vista desde el cerro San Cristóbal, o la multitud de jóvenes vendedores ambulantes en la capital de República Dominicana; en El Salvador, la pobreza parió delincuencia, y en plena ciudad de Buenos Aires, una de tantas “villas miseria” donde abunda la droga y la delincuencia, fue el escenario en el cual el actual papa probablemente aprendió a identificarse con la juventud marginada.
La visita una vez más del papa a nuestro continente servirá de plataforma para llegar a la juventud del mundo. Romper con el planteamiento que hace a los jóvenes renunciar a sus anhelos y luchas. Les dijo hace cinco años: vayan al mundo a crear contradicción (traducción de “crear líos”, Brasil 2013). Se mantiene afirmando que los pobres no son ciudadanos desechables y que a esa cultura del descarte (esa que ve a los pobres como algo desechable) hay que combatirla.
La visita del papa no puede convertirse en un evento en el que se gasta más tiempo en la logística que en lo que se siembra. Los organizadores, teniendo claro que es un evento pastoral, saben que el papa no viene a ver la realidad ni a juzgar la realidad; ya esos pasos están realizados. Esperemos que más allá de una nueva catequesis sobre el papa, los organizadores sepan que Pedro viene a ayudarnos a impulsar procesos de cambio.
El proceso por y con los jóvenes que Latinoamérica ha promovido desde hace muchos años se ve estimulado por un líder que conoce la realidad de nuestra tierra.
Francisco sabe que seguimos siendo continente de esperanza, por eso nos propone para octubre de 2018 un sínodo con el tema: “Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional”. Un latinoamericano, el cardenal Sergio Da Rocha, arzobispo de Brasil, ha sido nombrado por el santo padre como relator de esta reunión.
Qué bueno sería que el encuentro juvenil de 2019 le creara en Panamá un enorme lío al Ministerio de Educación al impulsar a nuestros 200 mil desertores escolares a que retomen su educación. Que como fruto de la jornada con el papa, las comunidades cristianas caminen su milla extra y ofrezcan una beca escolar a un joven y se olviden por un tiempo de la ofrenda para las flores.
El autor es sacerdote católico