El drama de una familia argentina dio inició a un movimiento que cambiará la concepción de la donación de órganos en este país suramericano. Todo gracias a la iniciativa de los padres de Justina Lo Cane, una niña de apenas 12 años que murió en noviembre del año pasado víctima de una cardiopatía congénita que le fue diagnosticada al año y medio de su nacimiento , pero que con ayuda de medicamentos consiguió sobrellevar hasta que surgieron complicaciones que exigían un trasplante de corazón.
En total Justina esperó cuatro meses en vano y vino a fallecer en noviembre del año pasado. A partir de su muerte, sus padres iniciaron una de las campañas a favor de la donación de órganos más virales de Argentina, con el intuito de crear conciencia entre los argentinos sobre la necesidad de donar órganos y consiguieron aumentar el número de donadores , hasta que esta iniciativa impulsó una propuesta para crear una ley sobre donación de órganos, la cual fue aprobada por unanimidad en la Asamblea de diputados.
La ley establece que todo ciudadano mayor de edad argentino es un donador, al menos que manifieste lo contrario . En memoria de la pequeña Justina Lo Cane, la ley pasó a llamarse “Ley Justina”.
La ley mantiene el principio de que todo mayor de 18 años es donante presunto, con la manifestación expresa de la voluntad o no de donar, pero aclara también que “la extirpación de órganos y/o tejidos puede realizarse sobre toda persona capaz mayor de 18 años que no haya dejado constancia expresa de su oposición a que después de su muerte, se realice la extracción de sus órganos o tejidos”. Esta ley producirá un cambio de paradigma, ya que todos los argentinos pasan a ser portadores para poder evitar una muerte por no recibir un órgano, un tejido o una célula.
El caso Justina se extendió rápidamente por las redes sociales y los medios de comunicación y la gente se volcó a hablar del tema y apuntarse como donante. Ejemplo de ello fue la inmediata donación de los órganos de la niña, también de 12 años , cuya familia esperaba poder ayudar directamente a Justina, aunque finalmente se debió descartar por incompatibilidad.
Con sus 12 años Justina Lo Cane soportó y resistió, esperando. Soñando en su fiesta de cumpleaños el 9 de diciembre. Siempre apostando a salvarle la vida a los demás que estaban en su misma condición.
Según informes de la agencia de noticias EFE, Cuba, Argentina, Brasil y Uruguay son líderes en la donación de órganos y tejidos en Latinoamérica, pero la región mantiene unas cifras de donantes y trasplantes por debajo del promedio mundial, con países como México, Perú y Venezuela con tasas mínimas.
En Panamá, el trasplante de órganos de donantes fallecidos, en lo que va del año, se incrementó en comparación con el año anterior. Se han recibido 20 donaciones de fallecidos, mientras que en el año 2017 solo fueron 17 donantes.
Se hace necesario continuar elevando la educación en cuanto a la donación de órganos y la actualización del equipo de salud. Cuando alguien fallece y dona sus órganos, le puede prolongar la vida a siete o hasta nueve personas. Hay historias maravillosas de gente que recibió un órgano y a partir de ese momento transformó su vida.
