IMPERATIVO ECONÓMICO

Limitar el tamaño del gobierno

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Limitar el tamaño del gobierno

Resulta de curiosa lectura la gran cantidad de mitos que hoy día inundan el discurso político, académico y civil, en torno a la necesidad de un Estado interventor, que se caracteriza por planificar –de manera centralizada– las distintas esferas que componen el mercado. Así, por ejemplo, tenemos casos y argumentos mal fundamentados, como el clásico llanto popular debido a las ineficiencias de un “capitalismo salvaje”, cuyo mantra es una exposición darwinista de que solo sobrevive el más fuerte.

Nada más lejos de la realidad. En un sistema de cooperación social, fundamentado en acciones voluntarias, típicas de un mercado no intervenido, las partes involucradas en ese intercambio resultan beneficiadas. En caso contrario, no ocurriría dicha transacción entre dos o más partes, que vienen siendo los participantes individuales en el mercado.

Entre tanta desinformación, se aceptan prerrogativas nefastas como que se debe crear instituciones estatales, por ejemplo, ministerios con abultados costes de operación y planillas burocráticas. Con esto lo que se logra es distorsionar los procesos de mercado, mediante la coacción hacia las personas que, finalmente, son las que habilitan la creación y financiación de dichas burocracias y entidades estatales.

Tomemos el típico caso de una empresa X que busca, mediante prebendas y privilegios del gobierno, imponerse en los mercados, creando monopolios u oligopolios. ¿Es esto realmente una consecuencia del “capitalismo salvaje”, falto de intervención? La experiencia indica que es, precisamente, debido a que distintos aparatos estatales disponen de su mano visible de la fuerza, para garantizar privilegios a expensas de la competencia, que terminan damnificando al consumidor con precios altos y productos de menor calidad.

Haciendo un recorrido en la literatura histórica encontramos que de estos problemas de “capturas regulatorias” se ocuparon los padres fundadores de Estados Unidos. Entre ellos tenemos los famosos “ensayos federalistas”, principalmente el tomo número 10, en el que James Madison analiza estos problemas, inherentes a los sistemas políticos dominantes (mixtos en los que domina el poder estatal y el de los allegados al poder). A este fenómeno, Madison lo llamó“facciones”, que hoy día equivalen a lo que conocemos como “grupos de interés”. El argumento de Madison es que eliminar la causa de la existencia de las facciones es imposible, porque implicaría también eliminar la libertad de dichos grupos de interés. De esta forma, explica que no se pueden eliminar las causas de las facciones, sin embargo, se pueden contener las consecuencias que conllevan dichas facciones.

Señala que hay dos métodos para “evitar los males del espíritu de partido”, el primero consiste en suprimir sus causas, y el segundo es reprimir sus efectos. Destruir la libertad esencial de los ciudadanos a formar grupos de interés significaría destruir la libertad de dichos individuos. Entonces, para Madison es primordial contener los efectos de las facciones, y ofrece dos formas para lograrlo:

1. Mediante el régimen representativo: explica que es importante establecer la distinción entre república y democracia. “Las dos grandes diferencias entre una democracia y una república son que en la segunda se delega un gobierno a un número de ciudadanos, elegidos por el resto; y que la república puede comprender un número más grande de ciudadanos y una mayor extensión de territorio”. Un régimen representativo es un régimen que interpone entre las acciones de la sociedad y los grupos de interés a legisladores que representan a toda la nación. Al régimen representativo le llamó“república”.

2. El segundo método que menciona Madison para contener los efectos de las facciones consiste en ampliar la esfera de acción. Para él, ampliar la esfera de acción es hacer que la república se vuelva grande y así incentivar la competencia en el ámbito político, eliminando la hegemonía bipartidista o tripartidista que domina los sistemas democráticos modernos.

Tal como se expone en dicho ejemplo del padre fundador de Estados Unidos, James Madison, aplicable a la República de Panamá, resulta primordial comprender que la prosperidad proviene de gobiernos limitados y mercados libres, bajo el imperio de la ley.

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