Desde nuestros inicios como nación, al separarnos de la Colombia en 1903, los panameños encabezados por líderes como el Dr. Belisario Porras, lucharon por acabar con el pensamiento de que cada persona debía recibir la educación correspondiente al nivel social en el que había nacido.
Pero esto no siempre fue así. Con la adopción del régimen federal; el 21 de enero de 1871 se promulgó la Ley 5 Orgánica de Instrucción Pública, en la que se establecía la enseñanza primaria, secundaria; dividida en escuelas normales, de artes y oficios, profesional, o de tipo superior. Por su parte, el padre de la educación panameña Manuel José Hurtado, el 20 de noviembre de 1873, por medio de la Ley 14 estableció uno de los principios básicos de la educación panameña, su gratuidad y obligatoriedad.
Con el artículo 133 de la Constitución de 1904 se orientó y organizó la educación pública y privada, así se logró dejar atrás la ignorancia y el analfabetismo que arrastrábamos del siglo XIX.
En 1907, mediante el decreto 135 firmado por José de Obaldía y Melchor Lasso de la Vega se creó la Escuela de Artes y Oficios, por la necesidad de personal capacitado para la construcción del Canal de Panamá. La obra estuvo regida por la congregación salesiana, en ese tiempo con Don Miguel Rúa como primer sucesor de Don Bosco. El primer director fue el padre José Encarnación Argueta.
El 25 de octubre de 1958 se inauguró oficialmente el Instituto Técnico Don Bosco con el padre Juan Aldo Turco como director. Por otro lado, y es una teoría personal, que una de las razones por las que Don Bosco es tan venerado en Panamá y envidiado por los políticos debido a la cantidad de gente que lo sigue; en la procesión del 31 de enero es la formación para el trabajo y en valores, así como las enseñanzas cristianas que han recibido muchos ciudadanos panameños que ayudan día a día a construir la grandeza de nuestro país.
Según el Ministerio de Trabajo, la mayoría de los nuevos empleos generados en el país son ocupados por personas mayores de 30 años. Las empresas adquieren los servicios de mano de obra extranjera, afectando principalmente a los jóvenes.
Sentimos orgullo de lo realizado por panameños como Octavio Méndez Pereira, Federico Velásquez, José Dolores Moscote, José Daniel Crespo, Jeptha B. Duncan, Belisario Porras y otros preclaros distinguidos pensadores intelectuales, que junto con panameños como todos nosotros nos legaron los avances educativos que ahora tenemos.
La actual generación aún tiene una materia pendiente: el desarrollo de la formación técnica a nivel nacional.
El autor es estudiante de la Facultad de Ciencias de la Educación