En su afán por oponerse al matrimonio igualitario, algunos dicen defender el modelo de familia “natural” diseñada por Dios, cuyo ejemplo fue la pareja de Adán y Eva. Dejando de lado el hecho de que nadie ha descubierto el lugar donde supuestamente vivió esta mítica pareja, ni sus restos, sus fósiles, diríase que, dadas las inmoralidades y crímenes cometidos a lo interno de aquella familia, no deberían presentarse como “modelo”, menos delante de los niños.
Lo que sí ha descubierto la antropología es de la existencia de múltiples formas de matrimonio y familias, algunas de ellas con prácticas de promiscuidad sexual “normales” y “modélicas” para la estructura moral de los pueblos que las practicaban. También se ha establecido que el matrimonio monogámico es más bien reciente, y que se dio paralelamente a la imposición del patriarcado, en que el hombre degradó a la mujer como cuasi esclava del hogar, se apropió a título privado de los bienes familiares, y dio origen a la primera forma de separación de clases entre hombres y mujeres (Marx dixit).
La familia monogámica y el matrimonio como un contrato regulado por el Estado (que nos viene del derecho romano), están asociados a la herencia. Es decir, el matrimonio como contrato tiene por objeto principal decidir quién debe heredar el patrimonio del padre. Por eso, a lo largo de la historia, incluyendo la panameña, el matrimonio era cosa de las élites, pues eran los que podían heredar. Los pobres no se casaban, se unían y separaban sin pasar por contrato público, vivían en concubinato. En los últimos 50 años es que se ha promovido la formalización del matrimonio en las clases populares y, aún así, sigue siendo minoritario.
Por esa razón, las estadísticas panameñas —para estudiar a las familias— hablan de “hogar”, siendo el matrimonio una de varias formas como se establecen los hogares: unipersonal, nuclear, extenso o compuesto. En referencia al “estado conyugal”, es decir, la relación respecto al matrimonio de las parejas, estas se identifican en unidas, casadas, divorciadas, viudas, separadas de matrimonio y de unión, y solteras.
En Panamá, en el Censo de 2010 estaba casado solamente el 24.7% de las personas que integraban un hogar; mientras que estaba unido de hecho el 31.8%; separado el 8.8% y el 1.3% divorciado. De las madres en edad fértil con hijos, en 2010, el 6.8% eran solteras, el 61.9% unidas, el 12% separadas, el 0.3% divorciadas y solo estaban casadas el 18.7%.
El 29% de los hogares panameños es jefaturado por una mujer. Aunque no pude encontrar la estadística, alguien ha dicho que más del 75% de los niños son nacidos “fuera del matrimonio”, lo cual no es ni bueno ni malo, sino viene a ser lo “normal”, lo más común. Si algunos curas y pastores limitaran sus feligresías a los que viven en matrimonios nucleares y a los nacidos dentro de ese “modelo”, se quedarían sin fieles.
De acuerdo a la ley y la tradición, el matrimonio civil es un contrato que se adquiere ante el Estado y que tiene que ver con el patrimonio familiar. No tiene nada que ver con amor ni con sexo. Pues de hecho existen matrimonios sin sexo y sin amor. Por el contrario, hay múltiples formas de relaciones afectivas entre personas que pueden vivir o no juntas. Todos conocemos en el entorno casos. Siendo un contrato que regula el patrimonio, no debe haber ninguna restricción de tipo sexual para formalizar el matrimonio civil.
El autor es docente universitario