Ante tantas infamias personales, corporativas, institucionales y gubernamentales, los pueblos, víctimas inocentes —desde niños— de estas actuaciones inconfesables, criminales y absurdas, se ven abocados a poner en práctica lo que han venido analizando y meditando ante su largo sufrimiento. Panamá no escapa a esta dolorosa problemática. Su pueblo es abatido desde adentro y afuera por un contubernio que lo engaña y somete a la condición de limosnero sumiso, siendo dueño de los recursos económicos que mal administra un grupo de “vivos” que, además, hacen gala de discriminaciones y superioridad. Que pasa en otros países, sí, pero ello no excusa ni concede derechos a supuestos líderes y miembros de grupos de élite.
Por allí un precandidato promete, como siempre, que creará 400 mil empleos, pero no dice cómo lo logrará ni cuándo lo logrará. Habla de la Caja de Seguro Social (CSS), pero su partido y dirigente máximo, que conoció esa institución desde adentro y luego fue electo, no solucionó la crisis de la CSS. Cuento es lo que no quieren más los panameños que se disponen a ir con candidatos independientes. “No más reelecciones de personas ni partidos políticos” tradicionales es lo que se ve en las grandes mayorías burladas. Esto vale para un gran número de países del mundo. La falta de justicia para con indios —verdaderos americanos—, negros y mestizos, convoca a recoger las propuestas de Simón Bolívar, W. Wallace, Martin Luther King, Malcolm X, Jorge E. Gaitán, Patrice Lumumba, Madiva y tantos otros líderes auténticos también de ahora. Cuentan con la fuerza popular para ir acabando con supuestas supremacías y farsantes que los explotan y convierten en clientes por la pobreza.
La ignorancia y prepotencia es madre de lo absurdo. Donald Trump, que eliminó $9 mil millones del presupuesto federal para las escuelas del pueblo para programas de arte, música, seguridad y salud, etcétera, según Randi Weingarten (DN) —presidente de la Federación Estadounidense de Docentes—, “propone entrenar y armar a los educadores” para frenar la violencia estudiantil que sacude al país. Según el mismo despacho noticioso, en ese país se viene entrenando militarmente a jóvenes de secundaria entre 12 y 15 años, y, Wayne La Pierre, director ejecutivo de la Asociación Nacional del Rifle, atacó a los millones de estadounidenses que se oponen al armamentismo interno e internacional, diciendo que estos son “simpatizantes comunistas”. ¡Bárbaros! El nepotismo es otra lacra en su gobierno. Mientras, la ONU advierte del infierno y la “monstruosa” aniquilación del pueblo sirio. Igual pasa en Yemen, Somalia y Túnez. No es difícil advertir qué pasa allá y por qué.
Se continúan alimentando invasiones y guerras, mientras, inclusive, dentro de los países que se ocupan de ello, existen grandes desigualdades, hambre y enfermedades. Recortaron a una ínfima parte el presupuesto de “ayuda” para Puerto Rico; no se ayudó a los países caribeños por el desastre climático reciente; no se cumplió con Haití y por el contrario se dieron actos inmorales y degradantes contra su población desde el terremoto anterior por parte de miembros de Oxfam, una oenegé del Reino Unido que llegó a “ayudar” (¿?).
Juan Manuel Santos, con grandes y graves problemas internos, apoya un embargo petrolero contra Venezuela, y la agnóstica señora Michelle Bachelet entrega el poder sin pena ni gloria, qué pena. Perú, con su cuestionado presidente por la justicia, tiene a los gremios de la salud en la calle ante las precariedades de un sistema que, además, denuncian, ocupa el primer lugar de América Latina con pacientes padeciendo tuberculosis en su población. Y, ¿qué hacer con Mr. Temer, Cartes y J. O. Hernández? La ONU está atada y la OEA desacreditada y anulada. Tantos exabruptos obligan a meditar y actuar.
El autor es periodista