Desde hace buen rato que políticos de todos los colores y sabores están levantando algo de polvo en sus giras de tocar puertas armados de charlatanería barata, y si los ingenuos ciudadanos le permiten la entrada, entonces se desata el arsenal de promesas de querer un mejor país y más oportunidades para las futuras generaciones, trabajos para la familia, etc., es decir, los embustes de siempre. Ahora se han especializado con algo más de maquillajes que reflejen una honestidad en sus intenciones.
Los farsantes políticos abundan en esta temporada y la ciudadanía se alimenta burlándose de sus disparatados discursos, de su manía de cargar infantes y dar abrazos y besos a cuanto ser humano encuentren.
Debo reconocer que una amplia cantidad de electores queda al borde de un increíble hipnotismo y sonambulismo escuchando las babosadas que van pregonando y sus promesas que jamás cumplirán.
Analizando bajo la epidermis de estos personajes podemos observar que muchos de ellos sufren de emociones , depresiones, ansiedades y con pensamientos repetitivos de promesas cajoneras y gastadas.
Las mismas tácticas de siempre. Forzar invitaciones para ser abanderados en patronales . Ofrecer sancochos acompañados de cervezas y otros licores, pero lo más hilarante es que casi nadie presta atención a las promesas electorales que se proponen llevar a cabo una vez saboreen el triunfo.
Tiempo y espacio los absorbe continuamente y mientas más cercana es la fecha de las elecciones generales es también el momento de la demencia colectiva y la de los llamados independientes.
Candidatos pulseando alternativas para dar brincos a toldas que más les pueden convenir. Pero lo más lamentable es que ofrecen una lealtad servilista sacrificando a familiares y amistades porque la ruta es llegar a tener poder sin gloria... solo poder.
En el complicado tablero político, los candidatos por fuerza deben tener padrinos que los apoyen con donaciones que después se podrán intercambiar con facturas.
Los proyectos de muchos candidatos suelen ser repugnantes a la razón porque son irracionales, ilógicos, absurdos, pero ellos hacen gala de tales disparates con la seguridad de haber logrado convencer a su aburrido auditorio.
Definiendo a esta clase de políticos que he dibujado cruelmente, todavía me queda por exclamar o más bien aconsejar que dejen el infantilismo político de siempre y hagan una campaña de altura revestida de promesas que puedan cumplir.
El autor es periodista