DEMOCRACIA

Metástasis

Sabíamos que Panamá tenía cáncer y que le había empezado en uno de sus órganos vitales. Lo que no sabíamos es que había hecho metástasis. El paciente está ahora en grave peligro, tan grave que ya no responde a los tratamientos establecidos. Los especialistas sugieren un procedimiento experimental que corta de raíz la enfermedad.

Por fortuna, el tumor está localizado. Si logramos extirparlo, el pronóstico mejora. De lo contrario, las células cancerosas se tomarán las sanas, afectando a todos los demás –ya contaminados– órganos del Estado. No habrá forma de salvar al paciente.

No sabemos si la enfermedad se originó en Panamá o si es endémica en la región. Ya tuvimos la epidemia Odebrecht, que se originó en Brasil, pero encontró en Panamá al huésped perfecto. Tenemos tejidos blandos cuando se trata de contratos millonarios.

Lo que sí sabemos es que los signos vitales son alarmantes y los efectos sicosomáticos graves: depresión, desesperanza, frustración. Ni siquiera respondemos a la carga de adrenalina que recibimos con cada nuevo escándalo. En el estado de debilidad en que estamos, es evidente que no habrá una verdadera mejoría hasta las próximas elecciones.

Aunque los tratamientos experimentales son peligrosos y deben pasar años antes de que se puedan comprobar resultados, los médicos recomiendan asumir el riesgo. Ya conocemos la velocidad con que se mueve la burocracia; de aquí a que la CSJ se pronuncie, estaremos muertos.

El tratamiento recomendado no es tan riesgoso como otros más radicales. El peligro es mucho mayor cuando los pacientes –llevados por la desesperación– deciden acudir a un curandero en vez de confiar en la ciencia. Los casos abundan: Venezuela, Nicaragua, Cuba, víctimas de drásticos remedios que primero matan el cuerpo antes de acabar con la enfermedad.

Afortunadamente, Panamá prefiere buscar su propia aspirina. En este caso, un purgante que el paciente ingiere y en cuestión de meses –con las lluvias de mayo– provoca una evacuación de tales proporciones, que quizás nos asfixie de momento, pero que a la larga nos traerá grandes beneficios.

Es el mismo principio de las dietas détox. Te tomas el purgante para que expulses hasta la última manilla y pelota que te tragaste en tu circuito y para que salgan también todos los camarones y chorizos que, últimamente, se han convertido en el plato fuerte de tu dieta. Podrás empezar de cero, entonces, con una dieta balanceada, rica en antioxidantes, capaz de acabar con el monstruo que te devora.

La democracia es mucho más que votar cada cinco años, pero todo empieza con el voto. Es la única herramienta que tenemos. Aunque las opciones nos parezcan siempre carentes y limitadas, por lo menos nos sirven para purificar el sistema. Si no nos hacemos la purga, para el 1 de julio estaremos recibiendo los santos óleos nosotros, nuestra endeble democracia y todo nuestro metastásico país. #NoALaReelección.

La autora es miembro de Movin

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