Durante este mes, desde el Ministerio de Desarrollo Social (Mides) presentamos ante la Asamblea Nacional la Memoria Institucional 2018 y rendimos cuentas ante el país por la gestión adelantada durante dicho período. La preparación de ambas presentaciones me hizo reflexionar una vez más sobre la enorme diferencia que existe entre el verdadero rol del Mides y el que la mayoría de la población le atribuye.
Lo primero, que tal vez es desconocido por muchos, es que el Mides está llamado por ley a ser el ente rector de las políticas sociales dirigidas a los grupos de atención prioritaria, entre los que se encuentra la niñez, juventud, mujer, personas con discapacidad, adultos mayores, población indígena, afrodescendientes y otros grupos étnicos. Durante la actual administración, los avances en materia de políticas sociales se han llevado a cabo partiendo de la premisa de que resulta indispensable consultar a los destinatarios de estas políticas y tomar en cuenta su perspectiva para el diseño de las mismas, considerando que nadie conoce mejor la realidad que se pretende transformar que quien la experimenta directamente.
Estos procesos de consulta han dado como resultado instrumentos de política, tales como el Plan Estratégico Interinstitucional de Juventudes 2015-2019, que operativiza la Política Nacional de Juventudes, que data de 2004; el Plan Nacional del Adulto Mayor; el establecimiento de un sistema de calidad para los servicios de atención integral a la primera infancia y el currículum de 0 a 3 años; el proyecto de ley que crea el sistema de Garantías y Protección Integral de Niños, Niñas y Adolescentes, pendiente de discusión en la Asamblea, y el Índice de Pobreza Multidimensional de Niñez y Adolescencia (primero en el continente), entre otros.
Esta revisión también hace saltar a la vista una clara prioridad para esta administración: abandonar la gestión asistencialista y progresar a una enfocada en el desarrollo, consolidando criterios técnicos para estructuración de los programas sociales, desarrollando herramientas que mejoren la focalización y garanticen la transparencia y el uso eficiente de recursos, asegurando que los programas sociales lleguen a quienes realmente lo necesitan. Ejemplo de estos instrumentos es la Ficha Única de Protección Social (FUPS), utilizada para captar los perfiles de los potenciales beneficiarios de todos los programas de transferencia monetaria condicionada; el hecho de que más del 80% de los beneficiarios, en lugar de cobrar en efectivo lo hagan hoy a través de la tarjeta clave social; los procesos de recertificación, verificación de fe de vida y cruce de información con otras instituciones, para asegurar que los beneficiarios de los programas cumplan con los requisitos para pertenecer a los mismos; la creación de la billetera electrónica, junto al Banco Nacional de Panamá, como medio alterno de pago, el cual está siendo piloteado, y los avances para contar con un Registro Nacional de Beneficiarios, actualmente en construcción.
No obstante, a pesar de que la focalización, la transparencia y el uso eficiente de recursos han sido y deben seguir siendo una prioridad, asegurar una salida sostenida de la pobreza no se logra a través de ayudas económicas por sí solas, sino a través del desarrollo de capital humano y social, creyendo en el potencial de la gente y empoderándolos para que puedan ser arquitectos de su propio destino. Es precisamente esta la razón de ser detrás de programas del Mides como “Muévete por Panamá”, que aspira a que superemos como país el analfabetismo, habiendo logrado que 6 mil personas aprendan a leer y escribir; Redes Territoriales, que fomenta la capacidad organizativa de las comunidades y su inclusión productiva, con más de 1141 líderes y 173 redes a nivel nacional; Padrino Empresario, los Movimientos Juveniles Comunitarios y las capacitaciones del Centro de Formación de Adolescentes (Cefodea), que buscan desarrollar habilidades en los jóvenes, y las iniciativas promovidas por el Servicio Nacional de Voluntariado, basadas en la solidaridad y la participación.
La Memoria Institucional y la rendición de cuentas dejan en evidencia que la labor del Mides va mucho más allá de las transferencias monetarias y la asistencia social. Las políticas, los programas y los proyectos que está llamado a impulsar, son indispensables para el desarrollo y el crecimiento sostenible de nuestro país, y requieren de un equipo competente y comprometido para hacerlas realidad.
Conocer cuáles son las funciones de nuestras instituciones es fundamental para poder exigir de ellas el cumplimiento de su deber.
La autora es ministra de Desarrollo Social.
