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OPORTUNIDADES

Migración: útil y necesaria

Frecuentemente escuchamos que la situación económica del  país se ha deteriorado, generando condiciones  muy difíciles de enfrentar para la población, resultando más fácil encontrar un culpable en el de afuera para atribuirle el origen de los problemas que la propia situación acarrea. Esto ha ocurrido con la inmigración en Panamá.

El problema económico no tiene una sola causa, posiblemente existe una causalidad multifactorial y compleja. En este momento me centraré en  la problemática de la migración que tenemos en el país, y su influencia en la situación económica y social.

Cuando aceptamos  a un inmigrante pero no se le da la oportunidad de trabajar, es lógico que ese individuo se vea forzado a irse del país buscando otras fronteras  donde se pueda desarrollar.

Es importante contar con  una forma de escoger al inmigrante que le conviene al país. De esta manera se han  desarrollado muchos países importantes. En nuestro continente americano son resaltantes los casos de Argentina, Canadá y Estados Unidos. Siendo los  países más evolucionados de América no han obstaculizado el trabajo de los inmigrantes, sino por el contrario, han  acogido y le han dado oportunidades,  especialmente a los profesionales que pudieran ser beneficiosos al país, y de esa forma promueven una competencia que impulsa la producción y la creatividad. Esta forma de manejar la inmigración en beneficio del propio país podría servirnos de modelo para aplicarlo en Panamá.

En mi caso, como panameño, después de graduarme como médico en una universidad en Bogotá, Colombia, y pasar más de siete años en hospitales académicos de Inglaterra y de Estados Unidos, decidí residenciarme en Venezuela.

Para poder integrarme al gremio médico me exigían revalidar 13 materias de medicina en la Universidad Central de Venezuela y luego ejercer  un año de medicatura rural. Al cumplir con estos requisitos tuve la libertad de trabajar por más de 30 años como cirujano cardiotorácico en el hospital de mi escogencia. Así, después de trabajar en el Hospital de Niños y en el Hospital del Seguro Social de Venezuela, me hice partícipe del equipo fundador de una de las mejores y más modernas clínicas privadas del país: el Hospital de Clínicas Caracas. Allí me desarrollé de tal forma que hasta conformé una fundación con responsabilidad social para atender tanto médicamente como socialmente los barrios aledaños más pobres al hospital y de esta manera ayudarlos sobre todo para resolver sus problemas de salud. Así fue como fundamos una escuela educativa  haciendo alianza con la Universidad Católica Andrés Bello.

Fue de esta forma como me gané la confianza en mi hospital. En ningún momento  sentí ser competencia  para nadie y siempre me consideré  a la misma altura de todos mis compañeros.

Iguales experiencias tuve tanto en Inglaterra como en Estados Unidos, donde siempre sentí los deseos de superarme, siendo  mi finalidad  dar bienestar al paciente y resultando esa mi mayor compensación. Llevo más de cinco años de nuevo en la patria que me vio nacer y aún me ha sido muy difícil ser aceptado por el gremio médico, que todavía  me mira en ocasiones como un infiltrado en la profesión.

Hace más de un año recibí en mi consultorio a una pareja de hermanos jóvenes venezolanos. Estaban terminando sus seis años de estudios en la Facultad de Medicina en Panamá. Uno de ellos ocupó el primer lugar como estudiante durante toda su carrera.

Me comentaron: “Doctor, estamos a punto de graduarnos y no podemos trabajar aquí en Panamá, donde vivimos con nuestra familia”. Mi consejo fue  que se mudaran a Estados Unidos, donde podrían encontrar las facilidades para ejercer la profesión que  habían escogido y por la que tanto se esforzaron. Hoy por hoy ya están en sus residencias médicas, donde son bienvenidos.  Eso me hace pensar que quien hizo el esfuerzo de darle sus estudios y graduarlos de médicos fue Panamá, y al no poder incorporarlos al ejercicio profesional, los obligó a abandonar el país, perdiéndose de dos potenciales buenos  profesionales de la medicina.

Lo que quisiera trasmitir es la importancia de una buena y escogida migración para el desarrollo económico y social de nuestro país. Considero que sería un gran incentivo para la población, como ha resultado un estímulo positivo en otros países que han alcanzado un alto nivel de desarrollo y prosperidad.

Panamá ya cuenta con excelentes profesionales de la medicina y podría llegar a ser una competencia para Colombia y otros países de la región. Un incremento adecuado de la población solo traería beneficios para nuestra ciencia y para la economía en general. Si en lugar de 4 millones de habitantes fuésemos 8 millones o 10 millones seríamos más médicos formados y más potenciales pacientes.  Lo que también resulta cierto para otro tipo de empresas y profesiones, y sus potenciales usuarios o clientes.

El autor es médico


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