[PROYECTO]

Mirar hacia las estrellas

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Cuando un científico de la talla de Stephen Hawking dice que hay que mirar a las estrellas, lo mejor es hacerle caso. Pero en realidad no dice que haya que mirarlas sino que hay que ir a ellas. Como semejante cosa es imposible en los términos actuales, por razones que Isaac Asimov explicó no pocas veces a sus lectores –la distancia es inimaginable y el tiempo necesario para llegar es eterno para la vida humana–, Hawking propone hacerle caso a un multimillonario ruso, Yuri Milner, quien en vez de coleccionar yates de lujo o esposas-trofeo se dedica a crear premios para los científicos con capacidad de plantearse retos de los tenidos por imposibles. Milner y Hawking quieren enviar a la estrella que tenemos más cerca, Alfa Centauri, miles de chips.

La estrella está a algo menos de cinco años luz y, con la tecnología actual, harían falta 30 mil para mandar un chip allí porque no sabemos acelerar un trozo de materia, por pequeño que sea, hasta que alcance la velocidad de la luz. Pero el proyecto Breakthrough Starshot –que podría traducirse como avance para disparar a las estrellas– intenta reducir ese tiempo gigantesco hasta una cifra de 20 años para poner los chips en Alfa Centauri. Ni qué decir tiene que incluso así seríamos incapaces de saber qué es lo que se ha logrado porque no tendríamos ninguna información de vuelta.

Invertir 100 millones de dólares en un avance técnico que permita mover chips a una cuarta parte de la velocidad de la luz puede parecer un dispendio innecesario, siempre que se deje de lado el detalle de que los multimillonarios rusos son muy aficionados a gastarse el dinero en cosas que no hacen ninguna falta. Pero hay un argumento en favor de toda empresa científica por disparatada que parezca: el de la pasión por el conocimiento. En realidad hay dos, porque a menudo esas iniciativas tenidas por descabelladas dan resultados imprevisibles y del todo prácticos. Serendipity, llaman los anglosajones a esa cualidad.

Pese a lo excitante de una aventura como la que impulsan Milner y Hawking –y apoya el fundador de Facebook, por cierto– hay un problema de fondo digno de ser considerado. El argumento de Hawking que justifica la necesidad de mirar hacia la estrellas apunta a que nuestro planeta se nos quedará pequeño pronto o tarde, si no resulta insuficiente ya. Pero es muy ingenuo creer que el dar con otra Tierra resolvería el problema. En realidad el drama de los recursos que se agotan, las hambrunas y las catástrofes a escala de buena parte de la humanidad no tiene que ver con un planeta pequeño sino con una especie exagerada en sus ansias y sin control poblacional digno de tal nombre.

Tengo para mí que en otro planeta haríamos lo mismo, que sería una especie de día de la marmota interestelar con repetición de los mismos errores, incluso si alguna vez logramos dar con un medio capaz de trasladarnos allí en menos de 30 mil años. Lo que necesitamos, con urgencia, es un cambio radical en nuestra forma de ser.

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