Bien entrada la noche me interrogaba qué tanto sabía sobre la mujer, sobre la mujer trabajadora y sobre si esa equidad e igualdad son tan legítimas como la frase lanzada al certamen.
Hace solo unos cuantos años un profesor en la facultad de derecho hacía las derivaciones correctas y literales sobre la equidad y la igualdad. El primero aducía una cualidad que consiste en dar a cada uno lo que se merece en función de sus méritos o condiciones, y el otro concepto lo definía como una proporción o correspondencia entre las partes que uniformemente componen un todo.
En mi mente diáfana y con postura tranquila y analítica seguía poniendo en perspectiva algunos discursos históricos y míticos (biografías y testimonios), que aun cuando trascendieran sus hechos y resultados en el mundo, la categoría mujer se veía anclada a ciertos prejuicios (aún latentes) y como si fuera poco eclipsada por elementos meramente sexuales, roles abrumadores y conceptos de género que hasta el momento han sido un calvario lograr que la sociedad comprenda sus innegables ideales.
Por eso mi aguda necedad de querer definir supremamente el imaginario de la mujer, aquello que Collazo en (2005) apuntaba como “el enigma femenino” y que matizó muy bien revelando un desfile de logros y alcances que van desde la Venus hermosa, junto con Eva (la primera mujer) y la madre redentora (Virgen María), para después insistir también en el papel de una Juana de Arco (mujer valiente) hasta lograr alcanzar a Marie Curie (mujer científica) y yo lo culmino en Panamá con Rosa María Britton y Rose Marie Tapia, ambas mujeres trabajadoras y destacadas escritoras que han marcado la vida de muchos panameños. Así podríamos hilvanar otros datos históricos sobre las proezas de ellas, damas que trabajaron duro, que además corresponden al arquetipo de la maternidad, al signo de mujer y que arrebataron mesuradamente con justicia el sitial que se merecen.
A pesar de que la igualdad entre hombres y mujeres es un principio fundamental de la democracia, al día de hoy se siguen manteniendo las desigualdades percibidas en distintos ámbitos. En el contexto laboral, la discriminación ha sido objeto auténtico de discusión cultural, social, política y científica, sin embargo, nuestra evolución social ha sido estigmatizada por rasgos basados en un referente ancestral de poder dominado por el sexo masculino.
Afortunadamente, muchas mujeres hoy ya profesionales se atrevieron a cambiar la historia; mi madre María José fue un gran ejemplo de ello, que teniendo cuatro hijos y un matrimonio se atrevió a romper algunas cadenas de material resistente lanzándose a laborar en un almacén todo el día (que por cierto hay que revisar derechos de estas mujeres en estos ámbitos) y en la noche dedicarse a estudiar, logrando graduarse con honores primero en una escuela nocturna y luego en la Universidad Tecnológica, para convertirse en profesional de la electricidad (otro paradigma superado) y destacarse en lo laboral como docente en el Instituto Profesional y Técnico de Bocas del Toro, enseñando lo que tanto le ha gustado y soportando en aquellos tiempos largos recorridos para llegar a su lugar de trabajo, ya que aún la carretera no existía y había que trasladarse en aquel recordado ferri; ni hablar del coraje de cumplir con el proceso de enseñanza- aprendizaje bajo estructuras deterioradas producto del temible terremoto de la época.
Con lo antes descrito, destaco en la mujer trabajadora su carácter, sus actitudes para lograr sus reconocimientos como madre, profesional y esposa, pero sobre todo su perseverancia en la consecución de la equidad, la igualdad y la evitación de la discriminación, ya que profesionales o no, ambas cumplen con una serie de faenas que le dan significado y significante a la palabra que da vida: “mujer”.
Es pues una aspiración personal, en la que los hombres y mujeres abordemos una vez por todas este tema con sensatez y con la justa dimensión de su contexto, valorando las buenas costumbres hacia la mujer y garantizando el cumplimiento de las normas y los convenios estatuidos para acentuar correctamente en nuestro Panamá la hermosa cultura de género… ¡Mi homenaje y respeto a la mujer trabajadora!
El autor es docente universitario