A solo 18 años de iniciar el siglo XXI, avanza mil veces más rápido que el siglo XX. Es evidente que nuestra educación no nos prepara para afrontar semejante reto. No es suficiente ser una generación que usa el móvil continuamente. Las pruebas Crecer de lectura comprensiva nos plantean el inmenso reto de que el 50% de los estudiantes de tercer grado en zonas urbanas no entienden lo que leen. La realidad es aún peor -si cabe- en las zonas comarcales.
Vivimos en un mundo de inteligencia artificial, automatización y biotecnología. En el país con el ingreso por habitante más alto de Latinoamérica, más de la mitad de sus alumnos de tercer grado no entiende lo que lee. Las cifras deben ser consistentes con la realidad. No podemos seguir justificando y, por ende, perpetuando la mediocridad. Los problemas sociales que aquejan a una población que exige mayor seguridad y mejores empleos, se solucionan al resolver el desafío de fondo: la calidad educativa.
Panamá tiene la oportunidad de compararse con el mundo. No hablo del Mundial de fútbol. Me refiero a las pruebas del Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes (PISA) para chicos de 15 años que empezarán a realizarse este mes en todo el país. No cometamos el error, de no ser favorables nuestros resultados, de dejar de medirnos ‘versus’ el mundo.
Enfoquemos nuestras políticas públicas a mejorar nuestra calidad educativa. Si la calidad de la educación mejora, la calidad de vida de cada uno de los panameños también lo hará.
¿Qué tanto prepara el sistema al estudiante para afrontar problemas de la vida diaria? Justo es lo que mide PISA. Panamá participó en las pruebas PISA en 2009. La ministra de Educación de turno decidió que el país no volvería a participar aduciendo razones técnicamente poco creíbles.
Tener resultados deficientes no es lo grave: no hacer nada al respecto sí lo es. Se pone en juego el futuro de un país.
De nada sirve un crecimiento macroeconómico envidiable, si el panameño de a pie no tiene acceso a sus beneficios, porque una educación deficiente lo excluye, desde un inicio.
Tenemos un reto. Preparémonos y enfoquémonos en examinar y mejorar nuestro sistema educativo. Las transformaciones educativas no deben ocurrir cada lustro: deben ser el producto de políticas de alto impacto enfocadas a trascender gobiernos. Tú que me lees, parafraseando a John F. Kennedy, no te preguntes qué puede hacer el gobierno por la educación, pregúntate cómo puedes contribuir a transformarla.
El autor es miembro de Jóvenes Unidos por la Educación