SOCIALISMO

El Muro de Berlín y el precio de la Libertad

Aquellos que no recuerdan el pasado están condenados a repetirlo.” – George Santayana

La Fundación Libertad y la Alianza para Centroamérica, con el apoyo de Estudiantes por la Libertad presentarán una exhibición fotográfica sobre la construcción y caída del Muro de Berlín denominada “Berlín: El precio de la Libertad. 30 años tras la caída del Muro” que se llevará a cabo a partir del miércoles 13 hasta el martes 26 de noviembre en la Biblioteca Nacional Ernesto J. Castillero.

Un amigo me preguntaba por qué deseábamos conmemorar tal evento. Reflexionando, me parecía necesario recordar esa época por varias razones. Por un lado, el hecho de que un sistema se volviera tan nefasto que se veía en la necesidad de levantar no solamente un muro sino toda una infraestructura que impidiera la posibilidad de escaparse de Alemania Oriental. Antes del Muro, construido en 1961, más de tres millones de ciudadanos de Alemania Oriental escaparon hacia Alemania Occidental y otros países del Oeste. De las víctimas registradas intentando cruzar el Muro, la principal causa de muerte fue por arma de fuego y en su mayoría las víctimas eran menores de 30 años de edad al momento de su muerte.

Otra razón para conmemorar los 30 años de la caída del Muro fue porque en 1989 pensábamos que, con la caída de este, se confirmaba de manera definitiva el éxito del sistema democrático occidental a cara de un sistema totalitario como lo que llegaron a ser los países del este de la Cortina de Hierro, para usar la frase célebre de Churchill, y que en ese entonces también vivíamos en Panamá.

Remembrar el Muro nos recuerda también cómo en nuestras latitudes, otra manera exitosa de crear muros para que los ciudadanos no se escapen es experimentar con el socialismo en una isla. De esta manera, la única manera de salir es cruzando el muro acuático que es el Estrecho de Florida en dirección al norte.

El penúltimo ejemplo de qué es lo que ocurre cuando no hay posibilidad de levantar un muro ha sido la emigración de cuatro millones de ciudadanos venezolanos según las cifras de las Naciones Unidas hasta junio de este año.

Y para colmo, otra razón para conmemorar los 30 años del Muro es lo que está ocurriendo en el, hasta hace poco, país latinoamericano más exitoso en la reducción de la pobreza. Chile se ha visto en semanas recientes estremecido por disturbios, saqueos y destrucción por protestas callejeras, llamando a un sistema que atenta contra el éxito ya logrado.

Desafortunadamente es muy difícil construir un Estado con políticas públicas que poco a poco van mejorando la calidad de vida de sus ciudadanos mientras hay sectores reclamando soluciones instantáneas. Los vendedores de utopías en la tierra han logrado convencer a esa juventud idealista menor a los 30 años (observemos que los que en su mayoría asisten a las barricadas callejeras son jóvenes) que ellos cuentan con la solución. Desafortunadamente, fracasan en el intento como siempre. Estos nuevos fracasados se ven en la obligación de nuevamente levantar muros para que no se escapen los que ya no aguantan lo que de cielo en la tierra se ha convertido en infierno.

El autor es presidente de la Fundación Libertad

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