Uno de los primeros golpes que el presidente de Estados Unidos (EU), Donald Trump, le dio a la administración de justicia fue la destitución de Preet Bharara como fiscal federal. Cuenta el señor Bharara que la destitución vino días después de que el entonces fiscal rehusara tomarle una llamada al presidente Trump. Bharara no tiene certeza que tal negativa haya sido la causa de su destitución, pero sospecha que, de alguna manera, influyó en la decisión. Bharara justifica su negativa, en gran parte, en el sentido que su puesto como fiscal tenía y probablemente tiene para él. Un fiscal debe actuar siempre con real y aparente independencia. Para el entonces fiscal, era inconcebible arriesgarse a recibir un pedido impropio.
Mientras esto ocurre en EU, en Panamá vimos recientemente cómo el presidente Varela se mofaba de la independencia judicial llamando a la procuradora desde su celular de un parque cercano a la oficina de esta, “para saludarla”. La llamada fue probablemente inocente, pero nos deja, a aquellos que aspiramos a una auténtica independencia, con un muy mal sabor, del presidente, por hacer la llamada; y, de la procuradora, por aceptarla.
El autor es abogado