Al leer el titular “El BCE (Banco Central Europeo) teme que se desate una guerra fiscal tras la reforma de Trump en EU” en el diario El Economista de 5 de febrero de 2018 me fui de bruces sorprendido por la clarividencia de los ejecutivos de dicho banco europeo. Estoy “flipando” como dirían en Madrid. Que estés despertando ante la realidad de que lo que les viene es la realidad de que sus Estados de bienestar ya no podrán seguir viviendo de los altos impuestos que le cobran a las personas que trabajan y producen en sus países. Pero no hay peor ciego que el que no quiere ver. Ahora que el gigante norteño dispara el timbre de salida, es que el resto del mundo se pondrá en fila y tendrán, para mantener un ápice de competitividad, que bajar sus impuestos corporativos. Bienvenidos a la competencia fiscal.
“En un breve documento, los expertos del BCE destacan que la reforma podría incrementar el riesgo de que la competición fiscal se incremente en todo el mundo, lo que implica una posible erosión de las bases imponibles en los países de la Unión Europea”, continúa el artículo. “La competencia fiscal está llevando a que los grandes impuestos directos (IRPF e impuesto de sociedades) sean cada vez más bajos en una parte importante del mundo. En el caso de la eurozona, este debate se centra en la imposición implementada en Irlanda, que es sustancialmente más baja que la del resto de países del área euro, lo que ha llevado a decenas de empresas a establecer sus sedes para operar en la eurozona dentro de este pequeño país”. Por lo que llego a entender, en Panamá, al ser una jurisdicción de baja tributación, al igual que en los países del Caribe, estamos haciendo las cosas correctas desde el punto de vista de competencia por la inversión extranjera directa y generación de empleos.
Sigue el diario: “Por un lado, un impuesto de sociedades más bajo en EU puede incrementar el atractivo de ese país respecto a otras regiones, lo que incentiva a las empresas a invertir en EU. Por otro lado, la reforma de Trump puede afectar a la estrategia de planificación de las multinacionales. En particular, a través de las diferencias impositivas entre EU y algunos países de la UE con impuestos relativamente altos, los incentivos para trasladar los beneficios han cambiado”. Te digo, son unos cracks: “Además, ciertos cambios de la reforma pueden haber creado incentivos para relocalizar en EU la propiedad intelectual. También resulta relevante que algunas de las cuestiones internacionales de la reforma de Trump pueden ser incompatibles con la Organización Mundial del Comercio y los tratados de doble imposición”.
¿Ahora que el matón del vecindario les tocó la cara a los europeos quedaron pidiendo ayuda a la Organización Mundial de Comercio (postura que venimos sugiriendo desde hace años a nuestro gobierno)? ¿Ahora que los gringos le pasan por encima a los europeos los tratados de doble tributación no fueron respetados? ¿Y qué hizo Francia con el tratado de doble imposición vigente firmado con Panamá? ¿Por dónde se lo pasó el presidente francés Hollande y su ministro de Finanzas Sapin cuando nos metieron en su lista negra y colmaron de desaires a los funcionarios panameños que asistieron a una reunión en París? A pesar de que vienen los carnavales, nada describe mejor mi sentimiento que la palabra alemana schadenfreude. Y no es porque Alemania se tomó Francia con un abucheo. Es por que es la palabra correcta y que yo sepa no tiene traducción al idioma castellano.
Como diría Flor Mizrachi, los saluditos de hoy son para Pascal Saint Amans y Ángel Gurría de la OCDE: señores, espero hayan ahorrado bastante, que la chamba se está acabando.
El autor es abogado