COMPETENCIA FISCAL

La OCDE y su incesante arrogancia

Para no dejar que los lectores olviden el daño que ha hecho a nuestra reputación y a nuestra plataforma de servicios legales y financieros la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) y algunos de sus países miembros, me obligo a seguir escribiendo, ya que la memoria del panameño es, por decir lo menos, conveniente. El derecho a escoger el rumbo de nuestro país es de los panameños, no de unos ejecutivos en oficinas en París, Francia.

Resulta que hace unos días, del 27 de agosto al 1 de setiembre de 2017, en Río de Janeiro, Brasil, se realizó el 71º Congreso de la International Fiscal Association (IFA) a la cual asistió el señor Pascal Saint-Amans (jefe de Impuestos de la OCDE), que se ha hecho un nombre atacando la reputación de nuestro país. Este burócrata y un panel de expertos en el que participaba tuvieron la arrogancia de afirmar que “la competencia fiscal es una política incoherente”.

Los especialistas reconocen que el mundo ha producido a tres grandes economistas: Adam Smith, John Maynard Keynes y Milton Friedman. Este último, que falleció en 2006 y recibió el Premio Nobel en Ciencias Económicas en 1976, escribió junto a otro Premio Nobel llamado Jim Buchanan y a otros 200 economistas- una nota en 2001 al presidente Bush que decía: “Le urgimos que rechace la iniciativa de la OCDE denominada competencia fiscal dañina. La competencia fiscal es una fuerza liberadora en la economía global, algo que debe ser celebrado en vez de perseguido”. Es decir, ese panel de expertos en el congreso antes mencionado tuvo las agallas de contradecir al más ilustre economista del siglo pasado y uno de los tres grandes de la historia.

En ese mismo panel estaba un miembro del Internal Revenue Service (IRS) de Estados Unidos (EU) y este afirmó que dicho país no pretende ser miembro del Common Reporting Standard (CRS) de la OCDE. Qué bonita oportunidad para que los miembros de ese panel, incluyendo a Saint-Amans, pusieran a EU en su lugar y le reclamaran, como hacen a los países pequeños, que son un paraíso fiscal y que serán puestos en su lista negra. Pero ante tal afirmación del funcionario norteamericano, solo se oyeron los grillos.

Otra muestra reciente de la falta de respeto de los países desarrollados se puede ver en la relación con el Reino Unido que, en su momento (pre brexit), ejerció mucha presión sobre Panamá para que nos adhiriéramos a todo lo que pedía la OCDE. Aunque fuera en contra de nuestros intereses, nos recomendaban enfáticamente que procediéramos con el intercambio de información fiscal y financiera de nuestros clientes bancarios y de nuestro sistema de sociedades anónimas.

Por karma se entiende que lo que damos, bueno o malo, será recibido por nosotros de vuelta. Es la versión budista de no hagas a otros lo que no quieres que te hagan a ti. El prestigioso diario inglés The Guardian del 4 de septiembre de 2017, bajo la pluma de Luke Harding, Caeainn Barr y Dina Nagapetyants, describe en detalle cómo la oligarquía de Azerbaiyán lavó US$2.9 mil millones utilizando sociedades anónimas inglesas registradas en el Companies House en Londres. La llamada “Operación Lavandería” no había levantado ni la menor sospecha de los bancos ni de sus reguladores. Qué mal karma Reino Unido.

Finalmente, nuestro vecino Colombia. Albert Einstein decía: “Hay dos cosas infinitas: el universo y la estupidez humana. Y del universo no estoy seguro”.Un artículo publicado el 3 de septiembre de este año en Portafolio, una revista colombiana, escrito por Camilo Enciso, director del Instituto Internacional de Estudios Anticorrupción, es muestra fehaciente de la genialidad de Einstein. Dice el personaje ya mencionado que Panamá es: “…un paraíso fiscal que ha permitido que narcotraficantes y lavadores de activos profesionales de todo el mundo hagan de las suyas desde la Zona Libre de Colón”.

El señor Enciso, que escribía sobre la disputa comercial que tiene Panamá con Colombia ante la Organización Mundial de Comercio (OMC) por los aranceles a calzados y textiles, no aguantó las ganas de insultarnos. Hay que ser sarcástico para escribir así cuando se nació en el país que le regaló al mundo la producción industrial de drogas y que ha contribuido directamente, por su incapacidad, con la muerte de jóvenes y la destrucción de familias alrededor del mundo. Hay que tener bemoles, si eres colombiano, para insultar a Panamá con temas de lavado de dinero y narcotráfico.

El autor es abogado


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