Inicio ilustrando con palabras lo que considero es el mensaje directo y a todo color del destino de la humanidad. Veo a dos jinetes sentados espalda con espalda sobre el lomo de un noble corcel y donde cada uno tiene una misión, y es la de un jinete viendo el camino recorrido y el otro con mayor atención observando el camino por recorrer.
En el pasado, la Organización de Estados Americanos (OEA) ha recibido aplausos, pero también duras críticas por dejar de hacer cuando serios conflictos se han dado en el área continental americano. Se puede decir que desde el nacimiento de la organización se puso en duda su independencia por el hecho de la política exterior de Estados Unidos, donde se memoriza el poco respaldo que en su momento vivió Argentina en el conflicto con Gran Bretaña por las islas Malvinas .
La OEA fue creada en el año 1948 con el objetivo de ser un foro de debates con metas de mantener la paz y los derechos humanos de la gran mayoría de los habitantes y de los países miembros.
En una recientes visita a las instalaciones de la OEA en Panamá e invitado por el siempre estudioso de variados temas sociales y políticos, el Dr. Carlos Arana, pude recibir valiosa información de los trabajos y propósitos de primera línea que esta organización mantiene hoy por hoy activada en todos los países que nombran embajadores, para que representen sus intereses en las comisiones y debates que se encuentren en la agenda de la organización.
Gracias a la atención del nuevo amigo Kenneth Correa, joven funcionario en las instalaciones de la OEA en Panamá, pude recibir valiosos documentos que reflejan las diferentes actividades que se desarrollan en todas las oficinas regionales del continente.
En el material que me entregó el amigo Kenneth, pude observar las muy oportunas comisiones que han presentado para mejorar la calidad humana de los pueblos indígenas. El doctor Arana ha elaborado y convivido con esos pueblos aquí en nuestro país y tiene claro cuáles son las prioridades que reclaman esos pueblos que todavía son etiquetados como ciudadanos de segunda categoría.
Ahora bien, debo confesar que la OEA de hoy no es la OEA de ayer, porque los hechos y posibilidades futuras demuestran que la carga de caballería de la organización no se detiene y que nuestras representaciones están claras en las necesidades más apremiantes de nuestros pueblos.
El autor es periodista