Para poder aprehender y después ordenar y gestionar el territorio, es necesario representar a través de mapas sus características físicas, bióticos y los elementos culturales del paisaje, es decir, aquellos que introducimos los humanos. De allí que en los mapas hay puntos, líneas, superficies, que representan y demarcan realidades físicas y funcionales, como los contornos de elevación o la demarcación de cuencas, así como hay líneas imaginarias, que representan por ejemplo la división política del territorio y resultan en fronteras nacionales y demarcaciones de regiones, provincias o departamentos, corregimientos o ‘cantones’, según establece cada país a lo largo de su historia. Es decir, una cosa es el mapa y otra el territorio. Sobre esto han escrito no solo geógrafos, sino también literatos como Borges y Houellebecq.
Se observa con preocupación las intenciones de crear un nuevo distrito de Panamá Norte, principalmente porque parece reñir con el éxito de la transición actual de la gestión administrativa hacia un modelo descentralizado, cuando se le reduce el ámbito al distrito capital, que cuenta con la mayor capacidad de gobernanza para ejercer la gestión de sus recursos económicos y territoriales. El nuevo distrito, requeriría en cambio del subsidio presupuestario del gobierno central para operar.
Existe la palabra inglesa compuesta gerrymandering, que data de 1812 y significa redefinir los límites de una demarcación política para favorecer a un colectivo político o grupo. Se utilizó originalmente para comparar la forma distorsionada de un distrito al norte del área de Boston que recordaba una mítica salamandra y favorecía a un candidato de apellido Gerry, de allí Gerry-mandering. Algunas consideraciones prácticas nos previenen sobre el tema.
Al analizar la exposición de motivos del proyecto, se encuentra una breve historia de los procesos de ocupación del distrito y cifras generales sobre la cantidad de población residente y flotante, ambos temas se presentan sin indicación alguna de las fuentes de información donde se pudieran verificar.
Nada en el escrito explica por qué ha de ser efectiva la creación del nuevo distrito para los vagos objetivos generales que plantea. Si es tan bueno constituirse como distrito para resolver carencias y proveer servicios básicos, vale hacerse la pregunta si ha sido el caso en San Miguelito, que se haya cumplido tal cometido.
Más aún puede uno preguntarse si al crear el distrito norte no se sienta un precedente que pueda dar pie a futuras iniciativas de distritos en el este y noreste, por ejemplo. Más aún, las particularidades del área que se pretende segregar a nuestro distrito capital, es 60% área de la cuenca interoceánica de manejo ambiental delicado ¿Conviene entonces que pueda verse afectada por decisiones impulsivas de autoridades locales?
Es conveniente para analizar un proyecto como este, que haya un mayor diálogo público, en el que participen las autoridades competentes como el Ministerio de Vivienda, el Instituto Geográfico Nacional Tommy Guardia, la Contraloría General de la República (principal ente de cartografía humana en el país) y, por ejemplo, un organismo como la Autoridad Nacional de Nombres Geográficos. También es importante que estén en este diálogo representantes de la sociedad civil de la población local y de expertos de gremios profesionales y criterio independiente.
Resultó alentadora la noticia del veto presidencial, pero duró poco al conocerse que era un veto parcial por objeciones de inconstitucionalidad de algunos artículos sobre las ambiciones presupuestarias del nuevo distrito. Esto, aunque grave, es corregible, sin embargo, se cuestiona, como en efecto durante los debates del proyecto se ha cuestionado, la sanidad del propósito general de la creación del nuevo distrito. En vista de lo delicado del manejo ambiental del área, a lo que apenas se atiende en el proyecto prometiendo conocidas generalidades sobre sostenibilidad y turismo, que como ocurre en muchos casos, no aterriza en medidas concretas que se puedan hacer efectivas.
Al plantear una cuestión como esta, vale la pena hacer preguntas, como ¿a quién beneficia? ¿Quién lo promueve? ¿Qué actuaciones han tenido antes los proponentes? ¿A qué temas parece prestar mayor atención el texto? Cada uno puede sacar sus conclusiones, pero ante un proceso tan importante y que ha sido llevado de manera tan callada y solapada, justas serán las suspicacias que se despierten. Un tema de tanta importancia se debe manejar de manera transparente y participativa. Que comience entonces un diálogo que, aunque tardío, sea amplio y participativo y que el criterio experto se imponga al oportunismo.
El autor es arquitecto