En un día como hoy, cinco de noviembre, vino al mundo nuestro celebrado poeta nacional Ricardo Miró. Propicio momento para evocar una importante pero poco conocida faceta del creador del internacionalmente reconocido y elogiado poema Patria. Invita a recorrer en compañía de usted, amable lector, el panorama istmeño a través de sus ojos, de sus sentimientos, de su lira.
Pareciera que la vena romántica, esa voz literaria que le canta a la “callada noche en que no se escucha ni una queja, ni un murmullo, ni un rumor” o a ciertos atardeceres que él llamó “ventanas abiertas al pasado,” sería todo lo que Miró tiene que ofrecernos. Mas no es así. Ricardo Miró Denis contribuyó a incentivar y fortalecer el amor a la patria; a orientar los cimientos de nuestro incipiente nacionalismo. Y lo hizo de una manera simple y sencilla, no solamente a través de su poética Patria. En pleno auge de las dramáticas convulsiones que promovieron la fundación de nuestra República en 1903, Miró experimenta la presencia norteamericana en nuestro territorio istmeño con una mente diáfana y perspicaz como pocas. No pudiendo enorgullecerse de esa infausta circunstancia, concentra incertidumbres y desasosiegos en una idea única.
Hombre y artista de su época, plenamente consciente de que sobre él -como poeta- recae una significativa responsabilidad social, Miró funda y dirige la revista literaria Nuevos Ritos y desde sus páginas se arriesga a enfatizar en términos para nada ambiguos que “hemos tenido que agotar nuestras exiguas facultades haciendo a un tiempo de poetas, de cuentistas, de críticos, de correctores de pruebas, para engañar a la América para hacerle creer al Continente que no nos volvemos yanquis por minuto.”
Más adelante, filosofando nos exhorta en otro poema poco conocido, “hombre, no seas abyecto. Tiende hacia arriba, Sube. Si no puedes ser águila ni paloma, sé nube.”
Y, en sus Rectificaciones Históricas, ironiza así, “Don Cristóbal Colón fue un majadero, mal que le pese al mundo entero. Mire usted que cruzar un mar desierto a descubrir un mundo descubierto... porque somos ingratos o cochinos si no reconocemos que los chinos se presentaron antes que Colón a darnos su chaumín y su wonton.” Y refiriéndose a Balboa, “gente ignorante de la historia; a un puerto donde nunca atracara su canoa le apellidan el Puerto de Balboa.”
Según la voz de intelectuales versados en el mundo de las letras, Miró es un poeta apenas entrevisto. Es posible que así sea. Cantó a la patria, a su paisaje, al amor. Desafortunadamente, muy poco conocemos de sus epigramas, de sus cuentos, de sus novelas; casi nada de esa otra vena política que en él vibraba tan acuciosamente, pero que dadas las apremiantes circunstancias de la época, le fue prohibitivo difundir con libertad.
Aún así, brilla internacionalmente en el mundo de las letras gracias a su sentido poema Patria, pues quién no ha añorado querencias, particularmente, cuando circunstancias ajenas a nuestra voluntad prolongan nuestra permanencia en algún rincón extranjero. Es cuando se suspira con el poeta: “Quizá nunca supiera que te quería tanto Si el hado no dispone que atravesara el mar.”
La autora es escritora panameña residente en Estados Unidos

