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ELECCIONES PRIMARIAS

El PRD en su laberinto

Luego de haber perdido de forma desastrosa dos elecciones presidenciales consecutivas y de estar por 10 años fuera del gobierno, el otrora partido de Omar hoy secuestrado por la plutocracia y con una “oferta electoral” de una docena y media de aspirantes presidenciales, se enfrenta a su laberinto político electoral caracterizado por la transversalidad de una encuesta de opinión que pone a uno de los precandidatos “volando”, pero que carece de rigor científico en su elaboración, así como credibilidad en sus derivaciones y cuya finalidad es procurar manipular el voto y servir de “caza bobos”. El resultado inmediato ha sido la abdicación de un “suspirante” presidencial y probablemente de algunos más.

Sin embargo, para entender la presente coyuntura política -primarias electorales del Partido Revolucionario Democrático (PRD) de cara a las elecciones generales del 5 de mayo de 2019- es imprescindible realizar un examen de los antecedentes y consecuencias de la crisis política actual. Es cierto que los dos últimos gobiernos de la plutocracia le han saqueado a la República alrededor de $2 mil millones ($2, 000, 000,000.00), no obstante, la corrupción pública no la inventaron el expresidente y el actual mandatario de la República, lo que ocurre es que estas administraciones la elevaron a niveles escandalosos e intolerables para los panameños decentes.

Sin lugar a dudas el despojo de los haberes públicos es una hipoteca a la pobreza, pero no es el único mal incubado en el régimen varelista, a la anterior práctica se suman un astronómico déficit fiscal (diferencia entre ingresos y egresos de la cosa pública) de $900 millones; una relación deuda pública/PIB en crecimiento (38%), aunque es una relación razonable, el monto absoluto de la deuda pública es elevadísimo ($23 mil millones al finalizar diciembre de 2017); el desempleo alcanza el 6%, la pobreza medida en términos del ingreso es de 25% y la pobreza multidimensional, que es aquella que se mide en función de la carencia de algunos servicios básicos, como el agua potable, por ejemplo, ha trepado a un 40%. A lo anterior se debe agregar el estado calamitoso de la salud pública, del sistema educativo, de la seguridad ciudadana, el alto costo de la vida y la falta casi que absoluta de institucionalidad democrática.

Este es el escenario socioeconómico y de gobernabilidad, grosso modo, en el cual los más de 500 mil prosélitos del PRD se abocan el próximo 16 de septiembre a elegir gran parte de su propuesta electoral, incluyendo el candidato presidencial para los comicios generales del 5 de mayo de 2019. Pero la coyuntura política es altamente preocupante, por dos razones: primero, por todo lo antes mencionado y, segundo, porque como ha ocurrido en la Asamblea Nacional y en el Órgano Judicial, la fracción varelista de la oligarquía y el poder económico que la sustenta, también tienen sus manos metidas en los partidos políticos y el PRD no es la excepción.

En el PRD se configuran dos alternativas políticas cuya tendencia principal es hacia la polarización electoral. Por un lado, un torrijismo renovado del siglo XXI que conlleva el ejercicio real de una democracia participativa puesta al servicio de las grandes mayorías nacionales y, por el otro, el continuismo de un varelismo sin Varela, el cual significa el traslape de poderosos intereses económicos, mismos que se erigen como poderes fácticos y que han conducido a la más grave debacle política, económica y social del Estado nacional.

En consecuencia, las elecciones primarias del PRD se caracterizarán, además por definir la “oferta electoral”, por la lucha de poderes entre dos grandes corrientes perfectamente definidas y antagónicas. Una que significa el continuismo de politicastros corruptos y mayordomos del poder económico, apoyada por una cúpula partidaria secuestrada por la oligarquía y por una “estructura” clientelista y electorera que solo menciona a Omar Torrijos en virtud de ser “el santo más taquillero”. Y, la otra, la vertiente política cuyo origen no es el transfuguismo, sino el auténtico torrijismo, que abandera las aspiraciones de las “bases” torrijistas, que se erige en un valladar -dentro y fuera del partido- a la corrupción, que encarna la herencia política del torrijismo, que es expresión genuina de los torrijistas de a pie, que se juega todo por los más pobres de Panamá y que en las elecciones primarias del PRD la encontrarán “siempre de pie, nunca de rodillas”.

¡Así de sencilla es la cosa!

El autor es abogado y analista político


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