El Partido Revolucionario Democrático es dentro de los colectivos políticos tradicionales el de más sólida base política, pues, a pesar de venir de dos derrotas electorales consecutivas y haberse apartado de su original posición ideológica social democrática y política torrijista, continúa siendo el partido de mayor arraigo popular.
De manera que el “talón de Aquiles” del PRD ha sido y es, su liderazgo (cúpula) errático e inconsecuente, porque lejos de mantenerse en su primera posición de centro izquierda, se movió de forma oportunista hacia la derecha neoliberal y adoptó como práctica política el electoralismo clientelar.
Peor aún, quien ayer cuestionó de forma despiadada al difunto diputado Titi Alvarado por apartarse de la línea “oficial” del partido y hacer alianza con el gobierno presidido por doña Mireya Moscoso; en este período presidencial encabeza los saltimbanquis del palacio Justo Arosemena. Pero no ha sido por diferencias ideológicas y ni siquiera políticas, sino por prebendas económicas, dicho coloquialmente, “por un plato de lentejas” en la gran danza de la corrupción gubernamental y de grupos venales privados.
Así las cosas asistimos al sainete político que por cuarta y penúltima vez escenificarán los “padres de la Patria” dentro de tres días –el 1 de julio- en la instalación del cuarto período de sesiones ordinarias y para elegir la directiva de la Asamblea Nacional. En esta coyuntura legislativa se presenta una compleja situación política, caracterizada por la pérdida de legitimidad política de la fracción de la oligarquía varelista en virtud del normal desgaste del ejercicio del poder y, sobre todo, por la desacertada conducción del gobierno salpicada por la corrupción y maniqueísmo político.
De tal forma que sus aliados están pensando de qué manera saltan del barco oficial, para convertirse en la supuesta oposición política, pero por otro lado, su capacidad de maniobra o de “negociación” -por el peso de sus intereses y por la atomización de sus propias colectividades políticas- se encuentra sumamente limitada.
La actual correlación de fuerzas indica que el PRD es el partido más fuerte no solo por el número de sus diputados (26), sino por su cohesión, una vez decidido su candidato en votación secreta todos –por sobrevivencia política- mantendrán la unidad.
La alianza panameñista con sus dos entelequias políticas aliadas suman 19 legisladores.
El CD, a pesar de contar con el 35% de las fracciones legislativas es el partido más atomizado, pues está dividido en dos vertientes: Los fieles a Martinelli (nueve diputados) y los tránsfugas (16 HD). Finalmente, se encuentra la “llanera solitaria” o diputada por libre postulación.
Ninguna bancada legislativa posee mayoría para asumir la dirección del parlamento panameño, por lo que se tiene que producir el diálogo político en la búsqueda del consenso.
En mi opinión, dos son las posibilidades reales y ambas pasan por el candidato que elija el PRD. Que el PRD opte por un candidato dispuesto a irse abiertamente a la oposición o que el otrora partido de Omar, seleccione al nieto de Gerardo, el cual mantendría el “pacto de gobernabilidad” y, probablemente, la cúpula y diputados saltimbanquis del PRD estarían cometiendo un verdadero “suicidio político”. ¡Así de simple es la cosa!
