Mejorar el perfil de las universidades es crucial para el modelo de desarrollo del país, según el Indice Mundial de Competitividad. Panamá perdió 14 puestos en este índice que incorpora el perfil de competitividad del país ante la cuarta revolución industrial. Tener claro el posicionamiento de nuestras universidades versus Latinoamérica y el mundo es crítico.
El nuevo paradigma considera que la competitividad de los países está compuesta por la suma de las competencias, habilidades y capacidad de innovación de sus habitantes. Conceptos fundamentales como infraestructura y estabilidad macroeconómica quedan en segundo plano.
El Grupo Quacquarelli Symonds, especialista en rankings universitarios, presentó hace unos días este escalafón, incluyendo las latinoamericanas. Para producir el ranking se utilizan criterios objetivos. Consideran indicadores como la reputación académica, las investigaciones que genera la universidad, la calidad de sus egresados y las patentes emitidas.
La Pontificia Universidad Católica de Chile, por segundo año consecutivo, se llevó el primer lugar, mientras que nuestra Universidad más rigurosa está en la posición 101 (Universidad Tecnológica de Panamá -UTP). Casas de estudios superiores como la Universidad Católica Santa María la Antigua (USMA) y la Universidad de Panamá (UP) están ubicadas en posiciones más abajo en esta clasificación.
La educación superior tiene un papel importante en el desarrollo integral de cualquier país. Es crucial para Panamá la mejora de la calidad de nuestras universidades. Como nación, merecemos contar con universidades capaces de afrontar los retos y desafíos del siglo XXI , con una óptica humana de gran propósito social, son instituciones fundamentales y un escenario esencial para la gestión del conocimiento.
Nuestros centros de estudios superiores deben contar con los recursos necesarios para dar respuesta a las tareas y demandas de la cuarta revolución industrial, relacionadas a las nuevas tecnologías, seguridad alimentaria, cambio climático, gestión del recurso hídrico, aportes al mejoramiento de salud humana y la formación de profesionales para los empleos del futuro.
Urge una transformación en la educación terciaria que garantice actualización permanente, modernización del modelo de gestión universitaria y una genuina diversificación de la formación académica frente a las demandas de capital humano del presente y del futuro.
Debemos exigir la mejora cualitativa y sumar esfuerzos de todos los sectores para elevar y mejorar significativamente la calidad de nuestras instituciones de educación superior. Las universidades deben estar preparadas para abordar los retos globales y generar comunidades científicas que den respuestas con sentido social.
Pagaremos caro el atraso en la mejora de la calidad de nuestras universidades. Es el momento de realizar mayores esfuerzos para mejorar la calidad y pertinencia de nuestras universidades y aspirar a un desarrollo humano con oportunidades para todos los panameños.
No hacerlo es condenar al país a depender de capital humano formado en el extranjero y dejar sin oportunidades a nuestros compatriotas. Las universidades son élites de formación y pensamiento. Volvamos sobre nuestros pasos y hagamos buena la promesa de nuestra primera casa de estudios de llevar a los panameños “hacia la luz”.
El autor es miembro de Jóvenes Unidos por la Educación

