XENOFOBIA

‘Panakristallnatch’

‘Panakristallnatch’
‘Panakristallnatch’

Llevamos dos semanas que solo se habla del proyecto de la diputada Zulay Rodríguez para “regularizar” el tema migratorio. Proyecto que, además de aparentemente violar la Constitución y contravenir varios tratados de derechos humanos de los cuales Panamá es signataria, ha cumplido la útil misión de alejar del pensamiento colectivo las necesarias reformas para hacer más transparente y eficiente a la Asamblea mientras quienes les pagamos el salario podamos vigilar lo que hacen.

Pero antes de seguir, cumplo con declarar mis posibles conflictos con este tema. Vengo de una familia de emigrantes. Mis dos abuelos y una de mis abuelas murieron y descansan en Panamá, donde hicieron su vida. Mis padres, aunque no nacieron aquí, se conocieron en Panamá y echaron raíces. Así que cuando escucho la asquerosa frase de “Panamá para los panameños”, pienso qué sería de mi familia si esa visión hubiera sido la prevalente a lo largo de nuestra historia. Le guste o no a la diputada, Panamá es producto de una gran mezcla de inmigrantes de todas partes del mundo. Aquí hasta los caciques de los grupos originarios tienen apellidos extranjeros.

Dicho esto, dudo que alguien en Panamá dude de la necesidad de ordenar la inmigración y mejorar los procesos para que los extranjeros puedan regularizar su estatus legal. Por supuesto, con los controles necesarios para determinar que quienes legalizan su estatus sean personas con interés de trabajar y respetar nuestras leyes. Eso nadie puede cuestionarlo.

Lo que no es aceptable es que esa “regularización de la inmigración” se haga por medio de un discurso incendiario, lleno de rencor y de odio hacia un grupo en particular. Porque es un hecho que toda la rabia se ha descargado contra la colonia venezolana que ha llegado a Panamá por causa de la insoportable situación a la que los ha llevado el gobierno de Chávez y su metástasis a cargo de Maduro. El rencoroso discurso de la diputada y sus hordas xenófobas, se enfoca abiertamente contra “los venezolanos”, acusándolos de venir a “llevarse nuestro dinero”, “quitarnos nuestros trabajos” y “violar nuestras leyes”. Igualmente, no tiene sentido montar casi una policía militar que se dedique a verificar si todos los extranjeros tienen “sus documentos en orden”, en un país con procesos burocráticos tan tremendamente ineficientes como Panamá, es casi una excusa para deportarlos a todos en seis meses. Al margen de que es una apetitosa fuente de corrupción para esos parásitos que se dedican a obstaculizar y luego agilizar los procesos en las oficinas públicas.

Lo peor de todo es que ese discurso de odio suele ser el primer paso para que cualquier día se salga de control alguna situación y desencadene algún acto violento que no solo dará que lamentar, sino que perjudicaría enormemente la imagen de nuestro país.

No olvidemos que la historia sirve para aprender. En la Alemania de los 30, todo lo que se hizo fue “legal”, pero produjo los primeros signos de lo que sería uno de los peores genocidios de la historia. Aquel 9 de noviembre de 1938, la crispación llegó a su máximo y terminó en la “Noche de los cristales rotos” o Kristallnatch, en que las empresas de la comunidad judía fueron destruidas por turbas nacionalistas.

Y que no me digan que lo que hace nuestra diputada no puede compararse con Hitler. Porque es cierto que nunca tendrá el bigote, pero las ideas se parecen bastante...

El autor es cardiólogo 

Edición Impresa

ENVÍOS POR EMAIL