Es importante que las generaciones venideras puedan apreciar las costumbres y tradiciones del siglo pasado. Solo así se sabrá como éramos, que hacíamos y cuales eran nuestras prioridades e ideales. Lady Matilde Mallet comprendió lo anterior y publica en 1915 la obra Sketches of Spanish-Colonial Life in Panama que fue traducido al año siguiente y recibió el nombre de Bosquejo de la vida colonial en Panamá.
Viví en Bella Vista hasta los 9 años de edad y después nos mudamos a San Francisco (Vía Porras). Eran dos ambientes muy distintos y los niños y niñas que vivíamos en San Francisco teníamos una mayor libertad de acción. Mi madre Aura disfrutaba de un bello jardín que tenía con árboles grandes, veraneras y frutales. Esto no lo podía hacer en Bella Vista por razón de espacio.
Mi familia se mudó a un chalet de dos recámaras en Vía Porras en diciembre de 1950. El área tenía pocas viviendas y varios herbazales. Nuestra área de acción era mucho más amplia que Bella Vista y con nuestras bicicletas la gallada circulaba por el viejo pueblo de San Francisco, Altos del Golf, Parque Lefevre y a veces llegábamos hasta Río Abajo. Los varones teníamos escopeta de balín y las llevábamos en nuestras correrías por todos estos lugares.
Vía Porras solo tenía dos carriles y muchos de los vehículos eran los buses de Barletta. Conocíamos a todos los choferes de buses y muchas veces nos esperaban hasta que terminábamos de ordenar nuestros útiles escolares, inclusive si nos gastábamos el pasaje nos daban crédito (nos fiaban, decían ellos).
Teníamos poca diversión visual y no fue hasta 1956 cuando se comenzó a recibir la señal en inglés del canal 8 (SCN) en blanco y negro. Esto abrió un nuevo mundo para nosotros como adolescentes. Comenzamos a aprender de música, noticias y situaciones de los Estados Unidos y del resto del mundo. Aún recuerdo los shows de Ed Sullivan, Arthur Godfrey, Lucille Ball, Lassie y Tennessee Ernie Ford. También nos reíamos con Red Skelton y después con Carol Burnett. En esa época todos oíamos las series radiales de RPC, especialmente los tres Villa Lobos al medio día y el Monje Loco por la noche. En 1960 se recibió la señal de RPC Canal 4 y después llegaron los artistas y humoristas cubanos como Tres Patines, Roblan, Blanquita Amaro, Rolando Barral y otros. Cuando no teníamos televisión en inglés o en español los niños y adolescentes eran ávidos lectores de paquines donde se inmortalizaron personajes como la pequeña Lulu, la Pandilla de Toby, el Pato Donald y sus sobrinos Hugo, Paco y Luis y su Tío Rico McPato. Había otros personajes de la época que han ido desapareciendo porque ya no veo en los cines “cómicas (cartoons)” donde aparecen estos dibujos animados.
Los varones jugábamos el juego del pix que ha desaparecido. Igualmente se jugaba canicas o bolitas con bolas de vidrio pequeñas y otras más grandes que llamábamos bolonchones. También con circunferencias metálicas que llamábamos estiles y provenían de las balineras. Las niñas jugaban jacks y me dicen que todavía se juega. Yo traté de competir con las niñas, pero me ganaron porque eran muy ágiles.
Los domingos en la mañana íbamos a los matinés en los cines Lux y Bella Vista y la algarabía que se formaba era insoportable.
Recuerdo que además de los buses de Barletta estaban otros buses más grandes de Arosemena y Brid que tenían su patio en Vía España cerca de lo que es hoy Price Costco. Y en Bella Vista estaban las chivitas. Íbamos al super Kiosco Don Sammy que era un punto de reunión de los trasnochados, al igual que Café La Puñalada en Calidonia. Los adolescentes también socializábamos en el Café Squirt en la Avenida Balboa.
La vida se caracterizaba por la interrelación entre familia y amigos. Cuando llegó la televisión este estilo de vida fue cambiando porque muchos preferían ver la televisión en vez de conversar, contar cuentos o chistes. Poco a poco se fueron perdiendo los contactos y relaciones interpersonales, pero nada comparado con la actualidad donde un niño o adolescente pasa mayor cantidad de tiempo frente a su play station.
La idea no es revivir las actividades de los años 50 y 60 sino dejar constancia de lo que se hacía en la época y como actuábamos los niños y adolescentes. Sobre todo, el aspecto de la interrelación en los hogares, barrios y escuelas. Esto se ha ido perdiendo lo que es una verdadera lástima.
El autor es abogado
