Asistí en Madrid, muy orgulloso, a la inauguración de una exposición retrospectiva de la obra de Olga Sinclair. La Casa de América era un hervidero de personas que conocían la obra de tan importante artista, la de su padre Alfredo Sinclair o la de Julio Zachrisson, nombres mayores de la pintura mundial.
El grupo Afrodisíaco, ha sido nominado al Grammy al mejor álbum folclórico por su álbum “Viene de Panamá”, cuya canción principal ya ganó la Gaviota de Plata en Viña del Mar. Canciones a pie de raíz que apelan al sentido de país, tan dormido en estos tiempos.
En Marruecos, varios escritores panameños han participado en la Feria del Libro de aquel país gracias al trabajo incansable de la embajadora y también escritora Gloria Young. Los marroquíes han podido disfrutar de la presencia de Giovanna Benedetti, Griselda López, Carlos Fong o Javier Alvarado. Un Panamá de letras que es leído con entusiasmo y curiosidad.
Y tenemos científicos, deportistas, politólogos, cantantes, profesores y un amplio etcétera de profesionales, de personas creativas que están exportando nuestra manera de ver y resolver las circunstancias. A pesar de los gobiernos, de la educación y del malestar que sobreabunda en nuestro entorno, muchos panameños siguen buscando la excelencia en lo que hacen.
Tenemos que creer que nuestro capital no es solo el dinero ni los altos edificios, ni nuestra posición geográfica, nuestro capital es nuestra capacidad de ser creativos, de innovar, de derrotar las barreras que nos imponemos y que nos impone una clase política mediocre y continuista.
Nos conocen fuera y nos quieren conocer mejor. Hemos tendido puentes de letras y de música, de artes plásticas, de pasión deportiva y hay que mantenerlos.
Si no hay ayudas para crear, las inventaremos: los panameños cuando queremos, podemos. No todo es corrupción y juega vivo en este país: hay quienes aman el trabajo bien hecho, el que crea espacios para ser mejores a pesar de todo.
El autor es escritor