SOCIEDAD AMORAL

Panamá y el juega vivo



El juega vivo es un acto delictivo contra la fe pública y preludio de la delincuencia social. Vivimos en una sociedad amoral. La conquista y colonización introduce el juega vivo como un modo de ser. Los españoles proclaman: la ley se acata, pero no se cumple. La afirmación es falaz pues las leyes son letra muerta. La violencia homicida contra los aborígenes y los negros esclavizados es la norma.

El dualismo existencial es una acción de supervivencia, el aborigen y el negro siguen las reglas establecidas, pero a espaldas del español mantienen las tradiciones y costumbres. El juega vivo es la respuesta de los oprimidos.

El baile de los congos es la burla a los españoles, el lenguaje es el artificio para insultarlos y reírse de ellos. La vestimenta colorida y de retazos es el rechazo a la moda de los ibéricos. Los bailes expresan la libertad que añoran y por la cual luchan con los cimarrones.

El gran affaire de Panamá ocurre en el siglo XVIII. España envía a Dionisio Alcedo y Herrera, el mejor funcionario de la administración colonial, a investigar a la mafia que controla el contrabando de productos ingleses, holandeses y alemanes en la América hispana. Los militares, eclesiásticos, magistrados de la Real Audiencia y los funcionarios de todo el engranaje administrativo están implicados.

El juega vivo supera todos los límites. “Corrupción S.A.”, es la entidad delictiva que luego se proyecta con la Zona Libre de Colón en el siglo XX, y el aquelarre de Odebrecht.

Don Quijote introduce al Maese Pedro, típico pelafustán, pendenciero, malabarista y ladrón; representa el juega vivo hispano. Pedro encarna en los políticos y empresarios panameños. El transfuguismo de los diputados al cambiar de partidos a tutiplén es lo usual, son cínicos, venden sus votos al mejor postor.

Los empresarios atentos a cualquier trampa como Odebrecht, Financial Pacific, las comidas enlatadas, los riegos de Tonosí, son los que se benefician de la corrupción institucionalizada en las esferas gubernamentales.

El poder judicial, con jueces, fiscales, magistrados venales, que comercializan sus fallos por sumas millonarias, aplican la ley del encaje. La justicia selectiva garantiza la inmunidad e impunidad de los ricos y poderosos. Los marginados van a las cárceles, la élite a sus casas con medidas cautelares.

El juega vivo es lo frecuente en la administración de justicia en Panamá, aquí somos expertos en burlar la ley.

Ferdinand Lesseps sucumbe ante el juego vivo de los galos. El Escándalo de Panamá debe titularse el escándalo francés o de Lesseps. Los papeles de Panamá son la gran estafa del capitalismo salvaje del siglo XXI. La quiebra de Wall Street lo es en el siglo XX. Los papers son el fraude fiscal de EU, Francia, Alemania e Inglaterra. Los paraísos fiscales están en Londres, París, Delaware, las Bahamas y en otras latitudes. La calificación es injusta, la gigantesca defraudación se da en las sedes del gran capital.

El juega vivo del sistema bancario mundial victimiza a Panamá como el chivo expiatorio. Odebrecht hace de la coima la inversión más efectiva en varios continentes. El soborno es la carta de presentación.

El Ministerio Público nunca puede soslayar la obligación de investigar a Martín Torrijos, Martinelli y Varela, así como a los ministros involucrados en las sumas millonarias recibidas por las obras realizadas en Panamá.

La ampliación de Martín de la avenida Balboa, el pueblo la bautizó como la “cinta coimera”. Omar, al firmar los tratados canaleros, aspiraba a que las áreas revertidas fuesen de uso social. Soñaba ver a los sectores populares en barriadas obreras, centros escolares y de salud; su deseo es burlado por el Partido Revolucionario Democrático que él fundó.

El juega vivo de los panameñistas y de Cambio Democrático hace una piñata de las áreas revertidas. El lucro inmobiliario es el gran timo del patrimonio sagrado de la nación. Panameños y extranjeros a los que nunca les importó con la gesta patriótica que conquistó la plena jurisdicción en todo el territorio nacional, viven allí.

La intoxicación masiva de pacientes de la Caja de Seguro Social ocurre en 2006, mueren más de 200 panameños y centenares quedan con secuelas graves que afectan su calidad de vida. El juega vivo de chinos, españoles y panameños, en complicidad con funcionarios corruptos, provoca una tragedia nacional.

El Canal ampliado es el juega vivo de empresarios españoles, italianos, belgas y panameños con el que pretenden que la ACP les pague por sobrecostos, es un hurto millonario.

El juega vivo es el estigma del panameño. El amiguismo, los padrinos son la solución fácil al día a día. “¿Qué hay pa mí?”, es la expresión popular del político, empresario, funcionario y ciudadano común.

Panamá patrocina una sociedad amoral. Ser decente, honesto, responsable, es una afrenta para los que hacen del juega vivo su praxis. El juega vivo es una conducta delictiva opuesta al civismo de una ciudadanía militante. Se da en todas las latitudes y épocas. Panamá lo patenta y lo asume como modelo de vida. El arquetipo de una mejor calidad de vida y bienestar para los panameños es posible si superamos la mediocridad institucional y el individualismo oportunista.

Los valores éticos, cívicos y patrióticos son los pivotes del panameño nuevo, que nos dignificará como “la tierra de la esperanza”.