ACCIDENTES DE TRÁNSITO

Panamá nos necesita

Comenzó el mes dedicado a las celebraciones patrias, se acerca la Navidad y las fiestas de fin de año. En ese contexto consideré obligatorio insistir sobre la necesidad de festejar llenos de alegría, pero con prudencia y moderación, cuidando nuestras vidas en las carreteras, evitando convertirnos en una víctima más de los accidentes de tránsito que llenan de luto a nuestras familias y a esta sociedad, que nos necesita ahora más que nunca vivos y productivos a todos.

Lamentablemente, las cifras del Instituto Nacional de Estadística y Censo sobre este tema son desalentadoras. Durante 2016 ocurrieron 15 mil 432 accidentes de tránsito, de los cuales cerca del 80% correspondieron a colisiones; en ese mismo año hubo 14 mil 985 heridos y 447 fallecidos. En todos los casos la tendencia se mantiene al aumento durante 2017.

Siguen siendo las principales causas de estos fallecimientos: el exceso de velocidad, las distracciones como chatear frente al volante, el estrés cotidiano, manejar bajo los efectos del alcohol, la impericia y el incumplimiento de los reglamentos de tránsito, como el no usar el cinturón de seguridad o, en el caso de los motociclistas, no usar casco.

Los accidentes de tránsito están entre las principales causas de defunción para las personas de edades comprendidas entre los 25 y los 45 años. Además del dolor y el sufrimiento que acarrean, los accidentes de tránsito constituyen un grave problema de salud pública y desarrollo, que conlleva elevados costos sanitarios y socioeconómicos.

No solo las víctimas y sus familias, sino el país sufre considerables pérdidas económicas por esta causa: los estudios llevados a cabo por la Organización Mundial de la Salud nos informan que las pérdidas económicas producto de los accidentes de tránsito equivalen a 5% del producto interno bruto (PIB) de los países, lo cual en Panamá oscilaría entre 500-1,550 millones de dólares anuales.

Este tema, por las pérdidas de vidas humanas y las económicas, debería ser de la más alta prioridad nacional, tanto del Gobierno como de la sociedad, pero no lo ha sido, como lo demuestran las estadísticas disponibles.

En este contexto, el Gobierno debe darle la más alta prioridad a la seguridad vial, desarrollando intervenciones que salven vidas. Para lograrlo, debe aprovechar los datos científicos disponibles sobre la incidencia de los traumatismos causados por el tránsito, los factores de riesgo y las intervenciones eficaces para prevenirlos; convertir esos conocimientos en soluciones sostenibles, cumpliendo además los compromisos que ha asumido en diferentes foros y llevando a cabo aquellas medidas que tengan mayores posibilidades de influir a corto y largo plazo sobre el número de muertes y lesiones causadas por accidentes de tránsito.

Y estas, como es sabido y reconocido, son medidas relacionadas con el control de la velocidad y de conducir bajo la influencia del alcohol, tanto por métodos automatizados como mediante controles realizados por agentes, colocados en forma legal y en sitios apropiados, donde no contribuyan a más accidentes; el diseño y mantenimiento de las infraestructuras viales, de forma eficiente y sin pagos de sobrecostos y coimas; la seguridad de los vehículos, eliminando de las vías la cantidad de vehículos en pésimo estado que circulan por nuestras calles; la aprobación de la necesaria legislación, de comprobada capacidad disuasoria en relación con los comportamientos ilegales de los usuarios de las vías de tránsito, y la vigilancia de su cumplimiento, sin favorecer a terceros; y finalmente la atención oportuna de emergencias tras un accidente de tránsito, creando sistemas organizados e integrados de atención de emergencia prehospitalaria y en centros de salud, proporcionando formación en atención básica de emergencia a todos los dispensadores directos de atención, y fortaleciendo la capacidad de los grupos de respuesta inicial.

Por nuestra parte, los panameños tenemos que comprometernos a revertir la tendencia de muertes por accidentes de tránsito, comenzando por la recuperación de nuestros valores cívicos y morales, y cuando nos subamos a un vehículo o seamos peatones, tomemos conciencia de los factores de riesgo que influyen en la posibilidad de un accidente y en la gravedad del mismo.

Cumplamos con las leyes y normativas de tránsito, y seamos responsables, cuidándonos y protegiendo las vidas de los demás conductores y peatones.

¡Panamá nos necesita a todos!

El autor es médico

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