Hoy Contadora es un variado y pequeño mosaico inmobiliario compuesto principalmente por espacios privados de turismo residencial de élite, con otras pocas áreas dedicadas a ofrecer hospedaje (en total no más de 100 camas) a turistas ocasionales o a establecer diminutos negocios que suman una oferta turística muy limitada en sus 3 km2, con 11 playas de arenas coralinas.
El turismo residencial de élite, como fenómeno inmobiliario, es el principal motor de su desarrollo, mucho más que su indudable atracción turística. La especulación, no la planificación o la protección medioambiental, ha guiado este proceso desde su adquisición privada en la década del 60, dando los tumbos cíclicos tan típicos de estas actividades inmobiliarias que también recuerdan su historia como eje de la industria perlífera colonial, igualmente concentrada en pocas manos con sus altos y bajos desde el siglo XVI. Sin duda, el turismo VIP rinde réditos enormes como atesta Mónaco (más pequeño que Contadora) y toda la Riviera francesa, pero este no se basa solo en ofrecer mansiones a ricos y famosos, sino en la oferta de toda una gama de atracciones turísticas para el visitante.
El enfoque actual, limitado a fines residenciales de lujo, desaprovecha esa diversidad de motivaciones que animan al turista, mermando así su potencial como destino VIP a tan solo 34 millas náuticas de Amador.
Esto afecta además a todo el archipiélago de las Perlas, por ser Contadora la isla más famosa y conocida de las decenas de islas e islotes que la conforman. A pesar de su aislamiento geográfico en el golfo de Panamá, “las islas ricas de las perlas” nunca estuvieron al margen de los acontecimientos del istmo panameño, tanto antes ni después de la conquista y colonización española. Todos los primeros cronistas las nombran y describen en sus relatos. Ya en 1513, Vasco Núñez de Balboa informaba de su existencia al monarca español, pero fueron Francisco Pizarro y Gaspar de Morales quienes en 1515 iniciaron su sometimiento.
Curiosamente, fue Terarequí, entonces cacique de la actual Isla del Rey, quien sugirió el topónimo “de las perlas” a Isla Rica o Isla de Flores como primero la llamaron los conquistadores.
El miedo a un turismo masificado destructor del medio ambiente o de esa conciencia histórica solo sirve de excusa para no planificar una oferta exitosa dedicada al placer de viajar a un lugar privilegiado como Contadora y las otras islas de su entorno.
Por ejemplo, urge recuperar Playa Larga y su emblemático hotel, otrora sede lujosa de encuentros diplomáticos y de una larga lista de VIP; construir un pequeño muelle fijo o flotante en playa Galeón para desembarco de pasajeros y mercancías; construir en su punta occidental una planta cogeneradora de electricidad y desalinización como metas iniciales. La Autoridad de Turismo podría coordinar la planificación de estas medidas para recuperar este paraíso perdido.
El autor es ciudadano