Me veo obligado a comentar el artículo de Rubén Darío Paredes “El dilema: tomar agua o pasar barcos”, el cual presenta de manera dramática y apocalíptica el tema del agua bajo la premisa “morir de sed o pasar barcos”, desconociendo que los recursos hídricos de la cuenca, así como las prioridades de uso del agua de la vía acuática, fueron previstos en las negociaciones de los tratados, se incluyeron en el título XIV de la Constitución y se definieron en la Ley 19 de junio de 1997, que organizó la Autoridad del Canal de Panamá (ACP) bajo responsabilidad panameña.
El general (R) Paredes en su artículo nos pasea por nuestra historia y nuestros sentimientos ligados al Canal, a la vez que siembra la duda, por decir lo menos, con respecto a la transparencia y la capacidad de su administración actual. El amigo Paredes pareciera no encontrar méritos en las explicaciones técnicas que sobre el manejo y control de las aguas de la cuenca del Canal han dado y repetido en detalle y desde diversos aspectos varios funcionarios de la ACP, incluyendo el tema de la salinización del lago Gatún.
Las complicaciones del funcionamiento del Canal ampliado son muy similares a las dificultades con las esclusas anteriores y en ningún momento han sido desconocidas, mucho menos desatendidas por la administración del Canal. No obstante, el general (R) Paredes en su reprimenda desconoce que el problema del agua para la gran región metropolitana, ese territorio comprendido entre las ciudades de Capira (oeste), Chepo (este) y Colón (norte), no es propio del Canal de Panamá, y que se trata más bien de un problema de Estado y de la sociedad panameña, cuya solución requiere visión, voluntad política, compromiso y acciones concretas, coherentes y coordinadas.
Los lagos Gatún, Alajuela y Miraflores tienen una capacidad limitada para almacenar agua. La ACP, de manera responsable, ha ejecutado diferentes proyectos para aumentar la retención y disponibilidad de agua que se utiliza para la operación del Canal y atender la demanda de más del 55% de la población del país. Estas inversiones consisten básicamente en el dragado y aumento del nivel del lago Gatún para acomodar los requerimientos de agua del tercer juego de esclusas y disminuir en la cuenca los efectos de la escorrentía y la sedimentación en estos reservorios.
Las estadísticas muestran que el uso de agua para el tránsito de naves por el Canal ha permanecido bastante estable a través de los años, incluyendo la ampliación, mientras que el consumo de agua para la población se ha incrementado en los últimos 12 años en 80%. La cuenca del Canal, que hasta 1979 suplía de agua cruda a las potabilizadoras de Aguas Claras, Monte Esperanza, Chilibre y Miraflores, ahora suple agua a las potabilizadoras de Sabanitas, Escobal y Cristóbal; Laguna Alta y La Mendoza; y la expansión de Chilibre. Además de las expansiones realizadas a muchas de estas en los últimos años, esta situación solo empeorará de prosperar los proyectos de nuevas potabilizadoras contempladas para Veracruz/Panamá Pacífico, La Arenosa, Gamboa, la tercera expansión de Chilibre y otras.
En conclusión, la cantidad de agua que se recoge hoy en la cuenca del Canal está en función del agua proveniente de la lluvia y los ríos que le aportan y la capacidad física de los reservorios, tanto para el consumo humano como para el tránsito de naves. Las variaciones del clima, el crecimiento urbanístico no planificado; las malas prácticas de consumo de los panameños, que nos hace uno de los países con mayor consumo de agua per cápita en el mundo; la ausencia de innovación para utilizar el agua de lluvia; la falta de inversión y mantenimiento en infraestructura y en sistemas de medición; y por último, la existencia de tarifas que no cubren los costos de producción, distribución y saneamiento y que motivan el despilfarro, definen un problema de cantidad y no de calidad de agua.
Mientras tanto, general (R) Paredes, “desde ya”, hay que aumentar las reservas hídricas de las cuales se sirve la población de la gran área metropolitana y que a su vez sirven para el funcionamiento del Canal, evaluando todas las áreas con potencial en la región, ya sea río Indio, Coclé del Norte, Caño Sucio, Lagarto, Toabré o Bayano, siempre que se cumplan estrictos criterios de inclusión social y respeto ambiental, y que la inversión pueda justificarse a largo plazo en función de los objetivos que requiere el desarrollo sostenible del país.
El autor es ingeniero