ELECCIONES 2019

Partidocracias e independientes

Los partidos políticos, como expresiones del sentimiento y demandas colectivas dentro de la llamada democracia política, han ido perdiendo su vigencia de forma progresiva en casi toda Latinoamérica. Con el pasar del tiempo, los partidos políticos fueron desmantelando su orientación ideológica y principios por los cuales surgieron sin excepción.

Atravesaron un proceso de metamorfosis y se fueron convirtiendo en cofradías, incluso familiares, cuyo único propósito es el beneficio económico en grandes proporciones. Llegar al poder, tomar el control del Estado y beneficiarse en todo tipo de negocios ha sido su objetivo primordial. Verdaderas fábricas de mentiras que utilizaron el arte del engaño y la demagogia de sus candidatos para lograr sus propósitos. Recuerdo que en una entrevista hecha a John Jairo Velázquez, lugarteniente de Pablo Escobar Gaviria, famoso capo de la droga en Colombia, este llegó a afirmar que “peor que los carteles de la droga eran los políticos colombianos”, y no estaba muy lejos de la verdad.

Los partidos políticos hoy día guardan mucha semejanza con carteles o pandillas delincuenciales. Ambos persiguen el beneficio económico únicamente, ambos están dirigidos por jefes, directivos o “patrones” que no toleran deslealtades. Los carteles o pandillas son agrupaciones “ilícitas” para delinquir, mientras que los partidos son agrupaciones “lícitas” donde sus candidatos, una vez en el poder, cometen toda suerte de delitos. Los pandilleros son delincuentes de cuello “negro” y los políticos corruptos entran en la categoría de delincuentes de “cuello blanco”. Los delincuentes comunes van a parar a las cárceles comunes, mientras que los funcionarios corruptos de alto perfil reciben casa y país por cárcel.

Los ciudadanos de nuestros países en América no creen en las candidaturas presidenciales por todo lo que han representado a lo largo de todas estas décadas, pero votan por ellos influidos por la propaganda electorera, por el peso del chantaje clientelista y por “castigo” a alguna figura que se tornó impopular. Mucha gente piensa que su voto es la única manera de vengarse y descargar sus frustraciones, sin percatarse de que el nuevo inquilino del palacio presidencial por el cual votó, puede ser igual o peor que el anterior. La coyuntura actual es propicia para que los partidos políticos, cuya vigencia expiró, sea reemplazada por corrientes, frentes de masa o figuras independientes no ligadas a ningún partido. Figuras con carisma, autoridad y, sobre todo, trayectoria y experiencia profesional.

En Panamá, el Tribunal Electoral es una institución que, sin lugar a dudas, responde a la partidocracia.

No entiendo aún cuál es la lógica del subsidio electoral a los partidos poderosos que fácilmente pudieran sufragar sus gastos con la cantidad de aportaciones que pudieran generar sus miles de inscritos. Este mismo Tribunal Electoral establece que no puede haber más de tres candidatos independientes, pero sí más candidatos postulados por partidos políticos. Además, algunos candidatos llamados “independientes” responden a corrientes y partidos políticos solapadamente, y su único papel es el de dividir y cooptar votos.

Actualmente, y de cara a las elecciones de 2019, se menciona el nombre de algunos candidatos de libre postulación, pero cuya independencia estaría en entredicho. Gerardo Barroso, por ejemplo, recordado por repartir dólares a mansalva en las calles de Chiriquí en flagrante delito electoral se le vincula con Ricardo Martinelli y sus intenciones de dividir votos. Ana Matilde Gómez, que salta a la palestra pública por su controversial destitución como Procuradora, ha hecho ingentes esfuerzos por vender su imagen como posible candidata, y su casi cotidiana presencia en los espacios de debate televisivo así parecen demostrarlo, de nadie es un secreto que es respaldada por el grupo Movin.

Además, su forma inquisidora y fría para abordar temas no parece ser del agrado de muchos sectores populares que admiran más lo campechano y simple de algún dirigente. Por otro lado, Ernesto Cedeño se ha tratado de proyectar aceleradamente con el discurso anticorrupción que está de moda, pero no creo que saque más votos que los que puedan aportarle la corriente evangélica a la que representa.

El único candidato con trayectoria prácticamente desde la década de 1970, cuando fue perseguido e incluso golpeado salvajemente en una manifestación contra la presencia del Sha de Irán, es el profesor Miguel Antonio Bernal. Tiene la jocosidad y la firmeza que a muchos les agrada. Ha sido perseguido por la anterior rectoría universitaria (UP) por denunciar corrupción interna, solo le faltaría armar una buena estructura de trabajo y el mayor reto, enfrentarse a un sistema creado a la medida de la partidocracia donde no parece haber espacio ni tolerancia para alguien verdaderamente independiente.

El autor es sociólogo y docente panameño


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