HISTORIA

Pedrarias y Bunau-Varilla, ¿villanos o héroes?

Pedrarias y Bunau-Varilla, ¿villanos o héroes?
Pedrarias y Bunau-Varilla, ¿villanos o héroes

Cada nación desarrolla su propia identidad nacional. Sostengo que dicha identidad no parte del actuar colectivo de la nación. Por el contrario, la identidad nacional parte del actuar de aquellos individuos que influyeron positiva o negativamente en la historia de cada país. Entonces, es natural que se repudie a los individuos que influyeron negativamente y que se ensalce a quienes influyeron positivamente. Sin embargo, como la historia juzga a cada uno de esos individuos depende de la óptica de quien la escribe. Panamá cuenta con dos personajes que fueron condenados por la historia, aparentemente de por vida: Pedrarias Dávila y Phillipe Bunau-Varilla. A cada uno de ellos se les conoce indistintamente como villano, traidor, antihéroe, aprovechado o algún otro peyorativo. Al cumplirse los 500 años de fundación de la Ciudad de Panamá y al estrenarse la obra musical 1903, creo oportuno escribir estas líneas. No pido que se les absuelva. No nos compete hacerlo. Solo pido que se difundan los alegatos a favor de cada uno de ellos.

Comencemos por Pedrarias. El fundador y primer gobernador de la Muy Noble y Leal Ciudad de Panamá era un fiel servidor de Su Majestad Isabel La Católica. Estaba casado con Isabel de Bobadilla, la favorita de la Reina de Castilla. Aparte de su esposa, el propio Pedrarias era uno de los hombres de confianza de la Reina. Miembro de una reconocida familia castellana, habiendo probado su lealtad a la Corona en el campo de batalla, le fue encomendada la delicada función de fundar una ciudad en las costas del recién descubierto Mar del Sur. Con leal diligencia y dedicación, Pedrarias sentó las bases de nuestra ciudad capital, la hoy moderna y progresiva metrópolis que llamamos Panamá. Desde aquí partieron las expediciones al Perú de donde tantas riquezas salieron camino a España a través del istmo cuyo nombre fue adoptado del de la ciudad que fundó Pedrarias. ¿Suena bien, verdad? Sin embargo, el retrato de Pedrarias que nos da la historia no es el que aparece en las líneas anteriores. Nieto de judíos conversos, esta nos habla de un obtuso adulto mayor que ordenó la decapitación del Adelantado del Mar del Sur: Vasco Núñez de Balboa, su propio yerno. A Balboa la historia lo premia con la moneda nacional, el puerto en el Pacífico, la principal avenida, un monumento y hasta una cerveza. A Pedrarias con una calle sin salida y sin señalización colindante con la ampliación de la Vía Cincuentenario y con un pequeño busto en un museo que nadie visita.

La historia casi no habla del juicio de Balboa, ni nos dice por qué fue decapitado. No se refiere a que fue acusado de sublevarse en contra de la autoridad española. Evidentemente, a quién condenó la historia fue a Pedrarias.

Ahora pasemos a Phillippe Bunau-Varilla. Un ingeniero y condecorado militar francés. Educado en la prestigiosa Ecole Politechnique con la élite de sus conciudadanos. Al igual que lo hizo Pedrarias, Bunau-Varilla sirvió a su patria con gallardía en tiempos de guerra y de paz. Fundó el diario Le Matine, desde el cual defendió la causa del Capitán Alfred Dreyfus, un oficial del ejército francés que fue juzgado y condenado de traición por el solo hecho de ser judío. Asumió la administración del fallido Canal Francés cuando ya había salido a la superficie el escándalo de la administración anterior del “Gran Francés” Vizconde Ferdinand de Lesseps. Al regresar a Francia luchó patrióticamente en la Primera Guerra Mundial y hasta perdió una pierna en esa guerra ¿Buen tipo; o no? No obstante lo anterior, en Panamá lo recordamos como un traidor. Un hombre que vendió a nuestro país para recuperar el dinero que invirtió en tratar de rescatar el fracasado Canal Francés.

Un manipulador nato que se aprovechó de la inocencia de nuestros próceres y le regaló a los Estados Unidos el Canal de Panamá y la Zona del Canal. La historia de Panamá ha concluido que BunauVarilla no tenía ninguna virtud. Así nos lo enseñan en el colegio. Bajo esa premisa se negociaron los Tratados del Canal: un francés nos vendió en 1903. La historia ni siquiera pregunta: ¿Qué alternativas tenían los próceres de la Patria en ese momento? ¿Habría sobrevivido la República sin el apoyo de los Estados Unidos? ¿Estados Unidos habría apoyado a Panamá sin la intervención de Bunau-Varilla, sea cual fuere su motivación?

A veces la historia es injusta. A veces la historia no es imparcial. A veces la historia no es objetiva. Creo que en lo que se refiere a los dos sujetos de este artículo, la historia les hizo una jugada dudosa. No creo que se les debe absolver. Lo que creo que es que en lugar de concentrarnos solo en los defectos, debemos al menos considerar que ambos tuvieron virtudes y que tal vez, ninguno de los dos merece ser visto con luces negativas exclusivamente.

El autor es abogado y profesor universitario

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