Un nuevo reto necesitamos enfrentar todos los días los automovilistas y conductores de autobuses y camiones: el de las decenas de motociclistas que se atraviesan o escurren entre los otros vehículos en las calles, a velocidades exageradas, con piruetas para rebasar y colarse entre dos o más carros, de cualquier tamaño y velocidad.
Los hay que ante la luz roja, con el tráfico detenido, realizan acrobacias atravesando peligrosamente la columna de conductores, los cuales azorados, los vemos pasar, como avispas, haciendo rápidas piruetas.
Entrevisté a un grupo de ellos, quienes llegan y salen de los restaurantes que uno frecuenta y antes no entregaban a domicilio, constatando que en un 70% son de nacionalidad venezolana. Estos reyes del “delivering” han despertado una necesidad que existía en nuestras ciudades, con ciertas comidas y sobre todo pizzas a domicilio; pero no en esta forma de recibir en casa, cualquier tipo de comida.
Creo que urge que la Autoridad de Tránsito regule a estos jóvenes en materia de precaución, manejo a la defensiva y velocidad permitida, pues parecen balas y provocarán una desgracia.
No tengo absolutamente ningún prejuicio contra los emigrantes y menos de Venezuela, país donde viví dos años de mi vida, trabajando en una multinacional, aprovechando para recorrer sus hermosos rincones de mar y montaña, sus célebres ferias con su alegría y maravillosa hospitalidad, por lo que sufro mucho el horror del régimen que los está aniquilando.
Al preguntarle su vivencia a uno de estos veloces motorizados, me repondió: “Los panameños se molestan porque circulemos en motos, pero al llegar a su casa son felices de poder pedir comida a domicilio”.