Este nuevo año 2018 se ha iniciado con un ambiente tenso. Protestas y marchas contra los casos de corrupción que no han sido aclarados han motivado a muchos ciudadanos a levantar su voz y a dejar en claro que el pueblo panameño demanda respuestas y sanciones. En cierta forma, ese despertar de la conciencia ciudadana ha resultado en movimientos mucho más fuertes, como en la época de la dictadura. Sin embargo, noto algo distinto en este nuevo movimiento civil contra la corrupción, al sentir que hay más jóvenes involucrados en busca de respuestas a la seria situación legal en que nos encontramos. Y si así estamos en los temas políticos, ¿qué analizan nuestros jóvenes sobre otros temas, como salud, educación, medio ambiente, familia, pobreza y trabajo? Tal vez pensemos, los más adultos, que a los jóvenes no les preocupa ninguno de estos temas porque viven su juventud entre estudios, redes sociales o fiestas. Aunque pareciera que es así, creo que nuestra juventud tiene mucho que aportar, pero no les hemos dado la oportunidad de expresarse ni contribuir efectivamente en construir un mejor país, empezando por su propia educación.
Quisiera saber si alguna escuela o centro educativo a nivel medio, por ejemplo, ha preguntado a sus estudiantes qué piensan de sus cursos y qué creen que su escuela puede hacer para mejorarlos. ¿Se han dado cuenta de que todo viene como un mandato del Ministerio de Educación y así debe ser para todos? Es como ponerle una sola talla de vestir a todos los estudiantes. Algunos de ustedes pensarán que esto no debe ser decisión de los estudiantes ni mucho menos determinar qué funciona o no en sus escuelas. Hay que cuestionar muchas cosas en nuestros centros educativos, pero nunca pensamos que son los propios estudiantes los que pueden aportar ideas y hasta soluciones. Son ellos los que están sentados en esos salones de clases por horas y, desafortunadamente, son los más ignorados en su “comunidad educativa”. Son ellos los que sufren los paros docentes, las escuelas en mal estado, la falta de maestros y profesores y las malas administraciones escolares. Pero son como fantasmas que nadie ve ni nadie considera.
Sin embargo, no todo está perdido. Aplaudo las iniciativas de organizaciones, como Jóvenes Unidos por la Educación, y los de Educación 2020, que buscan que los jóvenes se involucren más en los temas educativos nacionales y así crear mas líderes en el futuro. Aunque estas propuestas son buenas, quisiera ver un cambio más a nivel de aula, más a nivel individual en nuestros estudiantes. Hay que darles la oportunidad de ser más que receptores de información y llegar a entender qué piensan y qué les interesa. En nuestra labor docente, he encontrado jóvenes con pensamientos muy puntuales sobre los temas que los aquejan, como la incertidumbre de un mundo que se cierra ante las amenazas de un conflicto mundial o los temas económicos y sociales de nuestros países latinoamericanos, y hasta de la desigualdad que encuentran en las áreas rurales del país. Son jóvenes que buscan mejorar y conocer no solo a través de sus estudios, sino a través de experiencias significativas. Crear un pensamiento y una realidad propia es crucial para esta juventud que necesita ser escuchada y comprendida.
Pensemos que en cada niño o adolescente hay un líder potencial, pero hay que extender la mano que permita que ese individuo se desarrolle con su propio pensamiento. Si les damos la oportunidad de aportar con sus ideas, descubriremos que existe otra perspectiva, un nuevo enfoque que pueda dar luces a nuevas soluciones y nuevos caminos.
La autora es docente universitaria