CRISIS DE VALORES

Perdónanos don Justo Arosemena

El cierre del bicentenario del nacimiento de don Justo Arosemena, nos sorprende viviendo diversas emociones.  Si por un lado la crisis de valores que vive el país pareciera ser  terreno fecundo para resaltar la vida y obras de quien dedicó su vida al servicio de la patria con compromiso y honestidad, a fin de que sirva de ejemplo a las generaciones que se levantan, por el otro, cansados de la demagogia y la corrupción rampante, sentimos el rechazo por aquellos que a diario mancillan el nombre del honorable patricio ocupando un recinto que por el mero hecho de ser llamado Palacio Justo Arosemena, debería ser templo de respeto por la patria y lo que representa.

Pero no es así, tras 200 años del nacimiento de Justo Arosemena, su figura egregia parece agigantarse, no por el culto que hacemos a su memoria, sino por la falta de méritos de los que ocupan el palacio que lleva su nombre.  ¿Paradójico, no? Desde el palacio blanco de la más alta magistratura de la República, hasta el palacio Justo Arosemena se crearon comisiones pomposas para alabar con palabreríos el nombre del ilustre patricio. ¿Para qué esta hipocresía, si el mejor homenaje que podemos prestarle es tratar de emular su vida y ejecutorias?  ¿Para qué lanzar mano de frases aleccionadoras, si quienes las repiten están tan carentes de credibilidad que el nombre  de don Justo en boca de ellos pierde valor y lacera su memoria? 

Me entristece la poca reacción de un pueblo tolerante y permisivo ante la podredumbre que nos rodea. ¿Es que nos hemos conformado con la aparente falta de opciones?  ¿O es que nos hemos vuelto cobardes para reclamar lo que nos es de derecho?

Perdónanos don Justo.  No deberíamos invocar tu nombre para hipócritamente decir tus grandezas y después actuar con bajeza. 

Hemos mirado con sumisión cómo tu ideal de hacer a Panamá una patria libre se desvanece y es ahora presa de la coima y la corrupción, del juega vivo, del “quítate tú para ponerme yo” y del egoísmo que solamente nos permite ver el beneficio propio.

Perdónanos don Justo, porque  nos encanta criticar el abuso de poder, pero cuando subimos nos olvidamos de las críticas que hicimos y justificamos el mismo comportamiento que criticamos en un doble discurso que fastidia.

Perdónanos don Justo, porque tenemos los gobernantes que se nos parecen: los que quieren viajar, pero a costilla del erario; los que venden su conciencia al que pague un precio justo; los que quieren tener canonjías, a costa del sufrido pueblo; porque estamos dispuestos a votar por quienes nos han convencido de que “todo los gobernantes roban”, pero que nos prometen obras y tal vez un puesto de trabajo para algún pariente desempleado. 200 años no han sido suficientes para que queramos ser fieles a tu ideario.  Porque nos hemos conformado con los altos índices de desarrollo humano que solamente dicen respecto a la capital, pero que en nada revelan la afligida condición del resto de la república.

Seguiremos insistiendo; abrigo la esperanza de que podamos hacerte un mejor homenaje cuando se complete otro cuarto de siglo de tu nacimiento. 

Que entonces podamos enorgullecernos de los poderes del Estado que hoy nos avergüenzan. Seguiremos trabajando con los niños, enseñándoles con el ejemplo que si bien es difícil vivir queriendo ser correcto, porque el camino es cuesta arriba y a contracorriente, al final del día, vale la pena.  Por Justo Arosemena y los otros panameños que le acompañan en el cielo del ejemplo sin mancha. 

La autora es ingeniera

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