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REFORMA Y DESARROLLO

Persistente enfoque de China

Persistente enfoque de China
Persistente enfoque de China

El lunes 5 del presente se inauguró la sesión plenaria anual de la Asamblea Popular Nacional de la República Popular China y, como es habitual, el premier Li Keqiang rinde ante la Asamblea el informe del trabajo del gobierno, repasando lo cumplido en el año anterior de 2017 y presentando lo que está por cumplir en el siguiente, 2018.

La idea esencial a través de todo el informe está encarnada en dos palabras clave: reforma y desarrollo, tarea central a la que la nación China se ha consagrado a lo largo de cuatro décadas y que se cumplió con gran éxito en el recién concluido 2017, con una tasa de crecimiento del 6.9%, superior a la mayoría de los pronósticos del mercado.

Este buen balance es indicador claro de que las políticas y medidas de reforma adoptadas por el Gobierno chino han resultado correctas y efectivas.

Se trata de políticas y medidas fundamentadas sobre la llamada nueva normalidad económica china, que se refiere al hecho contundente de que, tras varias décadas de crecimiento a un ritmo espectacularmente vertiginoso—tasas cercanas o inclusive superiores al doble dígito—, la economía china ha entrado inexorablemente, debido a las propias leyes inherentes a todo proceso de desarrollo, en un estadio nuevo.

Este se caracteriza primero por unas tasas de crecimiento medio-altas, alrededor del 6.5%; y segundo, por el cambio del motor del crecimiento, es decir, reemplazar los antiguos motores, tales como cuantiosas inversiones en activos fijos, alto grado de dependencia de la exportación, incentivo de la demanda sin la debida atención a la calidad de la oferta, etc., por unos motores más acordes con un nivel de productividad mucho más elevado y a la demanda de toda una nueva generación de consumidores por estándares más altos de vida, motores tales como la innovación y la reforma estructural para mejorar la calidad de la oferta.

Así es que de 2013 al año pasado, el Gobierno chino implementó un conjunto de políticas enfocadas en la optimización de la estructura económica, con miras a transformar la China de una economía de cantidad a una de calidad, de una intensiva en mano de obra en una intensiva en innovación y tecnología, políticas que, bajo la denominación de reforma estructural por el lado de la oferta, se dirigen a “curar los males” de especial gravedad ya largamente padecidos por el tejido económico chino, a saber: sobrecapacidad productiva inútil, excesivas palancas financieras y existencias inmobiliarias, costos demasiado altos para operaciones económicas, falta de la capacidad innovadora, deficiencia en muchos servicios públicos y deterioro del medio ambiente.

Al cierre de 2017, el sector servicios pasó al 51.6% del producto, mientras el consumo final contribuyó con el 58.8% al crecimiento. La capacidad productiva del acero y carbón se redujo en 50 millones y 150 millones de toneladas, respectivamente; la relación activo-pasivo de las empresas industriales de escala disminuyó en 0.5%, y la inversión en la protección del medio ambiente y servicios públicos creció en 23.9% y 16.4%, respectivamente. La energía utilizada por unidad del PIB se redujo en casi 4% y la densidad de PM 2.5 en 388 ciudades disminuyó notablemente.

Hoy por hoy, vehículos de energía renovable, robots industriales, energía limpia, comercio electrónico, entre otros renglones, están inyectando nueva vitalidad al desarrollo económico chino.

A lo arriba mencionado se añaden la creación de 11 millones de empleos y la reducción de la población pobre en 10 millones de personas.

De cara a 2018, el Estado chino va a proseguir en este camino de reforma y desarrollo, enfilando a pasos seguros hacia la materialización, dentro de tres años, de lo que llamamos una sociedad modestamente acomodada, esto es, entre otras estadísticas, una renta per cápita superior a los $10 mil para una nación de mil 300 millones de seres humanos.

A tal fin, en 2018 se realizará una nueva ronda de reformas institucionales, conducentes a un sistema administrativo-gubernativo más moderno; se prevé un crecimiento del 6.5%, que dará trabajo a entre 11 millones y 13 millones de chinos y que irá acompañado del mismo ritmo de aumento del ingreso de la población; se profundizarán la descentralización, desregulación y alivio impositivo; continuará el esfuerzo por el despalancamiento en prevención del riesgo financiero, y se seguirá reduciendo la población pobre a razón de 10 millones de personas por año, de tal modo que antes del año 2020 toda la pobreza existente en China bajo la actual línea de pobreza quede totalmente eliminada.

En el frente internacional, el mundo verá a una China más abierta. En noviembre próximo se celebrará en Shanghái la Exposición Internacional de Importación, la primera de su índole en la historia china. Séame propicia esta oportunidad para exhortar a empresarios panameños a tomar activa parte en ella.

El autor es embajador de la República Popular China en Panamá


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